3 de junio 2005 - 00:00

Cualquier cosa menos el universo de Chéjov

La prestigiosaLaura Yusemmontó unejercicio delaboratoriobasado en «TíoVania» deChejov, pero lodistorsiona tantoque es imposiblereconocer alautor en supuesta.
La prestigiosa Laura Yusem montó un ejercicio de laboratorio basado en «Tío Vania» de Chejov, pero lo distorsiona tanto que es imposible reconocer al autor en su puesta.
«El caso Vania (Fragmentos de una puesta en escena)». Basada en «Tio Vania» de A. Chéjov. Dir. y Dramaturgia: L. Yusem. Int.: L. Yusem, J. Sánchez Mon, M. Canpilongo, G. Rey y E. Soto. Ilum.: J. Pastorino. Dis. Esc. y Vest.: E. Abrodos. Mús. Orig y Dis. de sonido: P. Martínez (Patio de Actores.)

Difícilmente interese este Chéjov de laboratorio, con sus situaciones desarticuladas y su total ausencia de climas. Cuesta reconocer en esta puesta -que abusa de los ataques de furia, las contorsiones físicas y los gestos crispados- el universo dramático de un autor que justamente se destacó por su extrema sutileza. La pretensión de reflexionar «sobre la dirección, la actuación y su relación con el mundo chejoviano» -tal las palabras de la prestigiosa directora Laura Yusem- cristalizó en un producto que descuida el hecho dramático del que se ocupa para dar rienda suelta a la emocionalidad de sus actores.

Nada de impresionismo chejoviano. Ni siquiera un pequeño soplo de humor que equilibre tanto dolor y frustración. Todo está atravesado por una supuesta visceralidad que termina resultando obvia y completamente exterior. Aquel espectador que desconozca el texto original deberá realizar un gran esfuerzo para entender qué vínculos unen a estos personajes y por qué están tan enojados entre sí.

La versión de Yusem inicia la acción en el segundo acto y la concentra en cinco personajes claves. Por un lado, Vania, su sobrina Sonia y el médico Astrov, pacíficos habitantes de una zona rural y por otro la pareja urbana integrada por el profesor Serebriakov (padre de Sonia y ex cuñado de Vania) y su joven esposa Helena, una mujer de deslumbrante belleza con la que se casó luego de quedar viudo. La llegada de este académico ya jubilado altera la paz del lugar. Vania y su sobrina trabajan en la finca familiar desde hace años, pero de pronto descubren que han malgastado todos sus esfuerzos en beneficio de ese viejo pomposo y egoísta que alguna vez admiraron.

Todos los personajes entran en crisis por diversos motivos, entre los que figuran los consabidos desencuentros amorosos tan característicos de Chejov. La inclusión de varios soliloquios (armados por la directora) permiten que cada personajese presente a sí mismo, evitando confusiones. Pero el carácter fragmentario de la puesta y su permanente rotación de roles (todos hacen de Vania y también comparten otros personajes) no contribuye a que el conflicto evolucione. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene que Vania sea interpretado por una actriz si esto obliga a los demás a llamarla «Vania» (cada vez que se dirigen a ella) para que el público no se pierda?

La participación de Yusem deambulando por la escena como un fantasma no aporta ningún signo interesante a la puesta. Se supone que «hace» de directora, pero mover objetos o anticipar gestos que luego quedarán en manos de los actores no parece un aporte muy creativo para ese rol. ¿Por qué fuma en escena? ¿Por qué se escapa gritando luego de cruzarse con una actriz? Misterios de una puesta inesperadamente críptica.

Dejá tu comentario

Te puede interesar