Descartes: examen de la vida de un aventurero que no sólo filosofó
El autor habló sobre su novela "El último viaje", que recorre múltiples géneros, a la cual le consagró casi 15 años de investigación que lo llevó a seguir los itinerarios del genio.
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El código descartes. Matías Wiszniewer, en su novela multigénero, incluye un registro policial de los últimos años del filósofo en Suecia.
Los días finales de un genio que con sus ideas transformó la matemática, la física y la filosofía, la ciencia y el pensamiento, abriendo paso a la modernidad es el protagonista de “Invierno sueco. El último viaje de René Descartes” (Letra Viva) de Matías Wiszniewer, novela que mezcla géneros, que se desliza de la narrativa histórica a la confesión íntima, de la meditación introspectiva a los vericuetos de sus amores, de la muerte por neumonía de ese “héroe del pensamiento” (Hegel) sin dejar de lado el thriller conspirativo según el cual con una dosis de arsénico se habría acabado con la vida del filósofo francés, un relato apasionante que llevó a su autor a viajar por el mundo, visitar lugares, museos, archivos y eruditos. Matías Wiszniewer es Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA) con posgrados en Filosofía Antigua, Medieval y Moderna (UBA), entre sus obras anteriores está “Vericuetos del Espanto, filosofía de la tragedia y la revolución”. Dialogamos con él.
Periodista: ¿Qué lo llevó a interesarse por Descartes: el filósofo, el matemático, el físico o el atleta sexual?
Matías Wiszniewer: Atleta sexual no fue. Tuvo aventuras amorosas que cuento en detalle. En su último libro, “Las pasiones del alma”, dice que las pasiones son buenas siempre que se las administre con prudencia y no se sea esclavo de ellas, porque quien es esclavo de sus pasiones no es libre. Don Juan tiene muchas mujeres pero es esclavo de esas pasiones. Para Descartes Don Juan no es un hombre libre.
P.: Su libro es, a la vez, una novela basada en hechos reales, la crónica de un viaje investigando los últimos años de la vida de Descartes, un panorama histórico desde la subjetividad de un pensador, y un ensayo sobre por qué y cómo Descartes se convierte en fundador de la modernidad.
M.W.: El viaje en Descartes es la actitud del filósofo que se sale de lo dado para pensar de otro modo. En el Discurso del Método dice: abandonaré todo lo que me enseñaron y viajaré para leer en el libro del mundo. A los 22 años, en su primer viaje, en medio de la Guerra de los 30 años, tiene sueños que le revelan el camino a seguir en su vida. Yo seguí sus viajes. Recorrí Europa, caminé sobre las nieves de Estocolmo, participé de la reconstrucción de una batalla en las afueras de Praga donde él participó.
P.: Los sueños según Descartes le indicaron el viaje de pensar por sí mismo y desde sí mismo.
M.W.: Lo impulsan en el camino que lo lleva al “cogito ergo sum”, al “pienso luego existo” o “yo estoy, yo existo”. Ese recorrido interior hoy nos remite al del psicoanálisis. Es el del paciente que inicia un viaje que lo lleva a cuestionar sus certezas. Para Lacan el procedimiento de Freud es cartesiano, considera que sin el cogito cartesiano no hubiera habido psicoanálisis.
P.: ¿Se sirvió de un supuesto manuscrito para asumir la voz de Descartes?
M.W.: Descartes primero estudia en un colegio jesuita, después hace de los viajes un modo de estudio, hasta que se dice voy a estudiar en mí mismo. La mejor forma de reflejar ese buceo en sí mismo que él hace era escribir la novela desde la voz del propio Descartes. Fue un esfuerzo. Tuve que reconstruir su época en mí mismo, estudiar su momento histórico, visitar los escenarios por donde se movió, para poder ponerme, como un actor, en su cabeza. No es el único que habla, también lo hacen la princesa Isabel de Bohemia, por su cercanía con Descartes, la reina Cristina de Suecia y Helena Jans, que tuvo aún mayor intimidad.
P.: En un momento su novela se vuelve un thriller…
M.W.: Una cuestión policial, que está basada en las investigaciones reales que tienen que ver con la muerte de Descartes. Él no sabe si ir o no ir a Suecia, duda por lo que le puede esperar allí donde, en medio del invierno sueco, todo se vuelve cada vez más complicado. La reina Cristina, que primero lo invita, después lo deja de lado, es la encargada revelar finalmente lo que ocurrió.
P.: ¿Descartes termina decapitado?
M.W.: El historiador estadounidense Russell Shorto en “Descartes Bones: A Skeletal History of the Conflit between Faith and Reason” cuenta en detalle lo ocurrido. Cuando Descartes muere la reina de Suecia quiere enterrarlo con todos los honores pero le explican que no puede enterrar a un católico en un país protestante y lo termina enterrando en un cementerio para parias no bautizados en las afueras de Estocolmo. Finalmente el esqueleto es recuperado por Francia, pero el esqueleto va a la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, y el cráneo, que tiene inscripciones en sueco y en latín, está en el Museo del Hombre de París. Así que se puede decir que termina decapitado post mortem.
P.: Los argentinos tenemos nuestro Descartes…
M.W.: Un destacado hombre de la política llamado Juan Domingo Perón. Se cuenta que con una de sus ironías explicó que estudiando filosofía había descubierto que Descartes firmó algunos textos con el seudónimo Perron, y, “bueno, si él firmó Perón yo firmo Descartes”. Recorriendo los terruños de los ancestros de Descartes me encontré con “la vigne du Perron” y entendí que Descartes a veces firmaba así por ser por su titulo nobiliario “chevalier, seigneur du Perron”. Hay un vínculo mayor entre Perón y Descartes. En “La comunidad organizada”, famoso discurso con que clausura el Perón el Primer Congreso Nacional de Filosofía, realizado en Mendoza, en 1949, no deja de mencionar a Descartes entre otros filósofos. Como Descartes se saca de encima la escolástica para buscar pragmáticamente la verdad en la realidad.
P.: ¿Cuánto tiempo le llevó escribir “Invierno sueco”?
M.W.: Muchos años. Me empezó a interesar cuando cursaba, en 2005, Filosofía Moderna en la UBA. Ahí fue donde surgió la idea de la investigación, luego de la documentación, del libro, de los viajes, del encuentro con historiadores, investigadores y académicos como Theo Verbeek de la Universidad de Utrecht, el mayor erudito sobre la vida de Descartes. En total unos quince años, los cuatro últimos dedicados a la escritura. Tuve que ir a los esencial, a lo más atractivo, a lo más interesante, porque tenía para tres libros.
P.: ¿Ahora qué está escribiendo?
M.W.: Trabajo en una novela histórica alrededor de Benjamín de Tudela, un viajero judeoespañol medieval que viajó por todo el Mediterráneo hasta Medio Oriente, un personaje muy apasionante. Entre lo más inmediato está un viejo proyecto que cada tanto estoy revisando, una obra de teatro basada en los diálogos de Platón. En la medida que puedan encarar viajes esta vez los haré investigando las creencias en el mundo andino.



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