27 de abril 2005 - 00:00

Destrozan obra ya menor de Cortázar

Aun conociendo los pormenores del mito del Minotauro (reelaboradopor Cortázar en «Los reyes») es difícil seguir losparlamentos de los actores que parecen no entender los términoscasi academicistas que abundan en el texto.
Aun conociendo los pormenores del mito del Minotauro (reelaborado por Cortázar en «Los reyes») es difícil seguir los parlamentos de los actores que parecen no entender los términos casi academicistas que abundan en el texto.
«Los reyes» de J. Cortázar. Dir.: L. Cáceres. Int.: R. Roca, N. Ivannova,M. Comán y elenco. Esc.: A. Garbellotto. Ilum.: M. Rugiero. Vest.: M. Uría. ( Espacio Elkafka.)

"Los reyes" (1949) es el libro que Julio Cortázar publicó con su verdadero nombre. Fuera de esta curiosidad y del elegante exhibicionismo que puso en juego el autor en materia de mitos griegos, el texto adolece de un barroquismo asfixiante. No sorprende que el mismo Cortázar haya hablado de él con cierta condescendencia: «En realidad, es una obra con la que sigo profundamente encariñado, pero no tiene nada o muy poco que ver con lo que escribí después. Tiene un estilo de esteta, muy refinado, pero el lenguaje en el fondo es muy tradicional. Una especie de mezcla de Valery y Saint-John Perse», declaró años más tarde en una entrevista.

Lo más interesante de este «poema dramático» es su atrevida adaptación del mito del Minotauro, donde Ariadna ya no está enamorada de Teseo sino de su medio hermano, con cuerpo de hombre y cabeza de toro, al que el rey Minos encerró en un laberinto.

Cortázar
celebra la monstruosidad de este antihéroe (el Minotauro representaría las fuerzas vitales y creativas) en oposición a Teseo, el héroe civilizado y convencional que reprime todo lo que esté fuera del sistema.

El planteo del autor es muy rico en connotaciones, por eso resulta particularmente frustrante que la puesta de Luciano Cáceres («Paraísos olvidados», «Criaturas de aire») impida una comprensión cabal del material elegido. A excepción de Rodolfo Roca (un rey Minos resignado y melancólico) y de Martín Comán, cuya interpretación de Teseo remite inexplicablemente al estereotipo del porteño sobrador, el resto del elenco abusa de la impostación «trágica».

Aún conociendo los pormenores de este antiguo mito cretense, resulta muy dificultoso seguir los parlamentos de algunos actores que parecen no entender los términos, casi academicistas, que abundan en la obra. Es como si el director hubiera hecho caso omiso de la tragedia que está en juego y de lo que implica estar frente a un «monstruo».

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