4 de septiembre 2000 - 00:00

"EL BESO DE JUDAS"

“ l beso de Judas”plain , como buen film noir, transcurre entre sospechas y traiciones. Tiene un ritmo ágil, un argumento entretenido y un director que ama profundamente la novela policial dura, y que goza jugando con sus convenciones y recursos. Se llama Sebastián Gutiérrez, es venezolano y novelista -de policiales-, y para su primera película en Hollywood no cambió de nombre ni de género. En ambos casos, una osadía (el «hard boiled», o policial «duro», no tiene hoy la misma persuasión de taquilla que en los años de Bogey y Laureen Ba-call).
Su mirada, sin embargo, es actual, y su humor un lujo para los aficionados a esta clase de placeres: la pareja de detectives que componen Emma Thompson y Alan Rickman está tan espectacularmente tratada que en cada una de sus apariciones trascienden la simple parodia para convertirse, más bien, en un dúo de neuróticos modernos, desdichados, obligados a desentrañar asuntos criminales con la mitad de la atención en el caso y la otra mitad en la simple supervivencia.
Emma Thompson lee a Jim Thompson (el legendario autor de « 1280 almas» y que tantas películas le inspiró al cine) y en su código de valores la palabra seducción es apenas super-

flua; Rickman, para ayudarse con la resolución del problema que los complica a ambos, llega al extremo de tener que entreverarse con su ex mujer y el actual marido de ésta, también policía (la escena que juegan entre todos, con la hija como testigo poco interesada, está muy lograda).  Subtrama

El caso central, en fin, podría funcionar casi como subtrama, o como excusa para poner en marcha el complejo mecanismo de investigaciones y delaciones. Una banda, comandada por una mujer atractiva y su poco confiable amante, decide secuestrar a un ejecutivo de la computación, cuya cabeza vale 4 millones de dólares.
La banda no tiene experiencia en secuestros, por lo cual el operativo se vuelve más trágico que lo pensado: en su transcurso una mujer madura, testigo indiscreta, es asesinada. La mujer resulta ser la esposa de un senador, que a partir de allí se propone impulsar personalmente la investigación.
El ojo entrenado de algún espectador de cine policial podría llegar a detectar, antes del final, el desenlace (se sabe que hay espectadores que no gozan si después no pueden contar que ellos se dieron cuenta), pero aunque ocurra eso el film, con varias líneas de diálogo citables, se disfruta siempre.

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