4 de septiembre 2000 - 00:00

"EL CAMINO A CASA "


L a historia es tan sencilla y honda como el corazón de sus personajes. La muerte de un viejo maestro rural hace que su hijo vuelva al hogar para los funerales, y recuerde el ya lejano noviazgo de sus padres. En apariencia, nada más que un álbum de familia, tierno y agradecido. Tras la apariencia, mucho más.
Lo principal, de todos modos, reside en esa historia de amor entre un joven maestro recién llegado, y una muchachita de aldea, un relato de gente cándida, lleno de lirismo y pureza, con momentos sublimes, como la escena en que ambos jóvenes se miran a los ojos por primera vez, o el momento en que ella lo espera para comer en su casa, también por primera vez. Amores limpios, sintiendo el ruido del viento sobre los cultivos, o de las piedritas bajo las pisadas.
Pero hay un detalle.
«Por aquel entonces -dice el narrador-, la libertad de enamorarse no era costumbre» entre esas gentes. Aquel entonces, cuando la imagen de Mao guiaba a los niños desde las paredes del aula y de las casas más humildes, y cuando un maestro podía ser llamado de pronto a la ciudad, «por razones políticas».
La imagen apenas alcanza a verse, las razones no pasan de esa frase perdida, muy poco comprensible para los campesinos, imposible de entender para la enamorada. Allí el paisaje cambia, el romance se vuelve epopeya, el melodrama está a punto de estallar. Allí entendemos, realmente, quién fue en su juventud esa viejita que ahora insiste en cumplir con lejanas tradiciones, qué pueblo es ése que en plena tormenta se congrega para despedir a su maestro, qué significa volver a casa.

 Homenajes

Culminando dramáticamente su primera película, «Sorgo rojo», Zhang Yimou rendía explícito homenaje a sus mayores. Ahora, rinde sutil home-naje al sacrificio de su propia generación, y reclama por los maestros de su tierra, como en su obra inmediatamente anterior, «Ni uno menos», con la que tiene algunos puntos en común. No es mejor que ésta, sólo por culpa de las muchas sobreimpresiones bonitas y la música tipo «Titanic», que la hacen empalagosa sin necesidad. Pero aún con esos defectos, vale la pena.

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