Los artistas de Escombros (cuyas obras podrán verse este
mes en Mar del Plata y luego en ArteBa) muchas veces utilizan
textos en sus obras, como en esta instalación («La silla
del poeta») que incluye 14 poemas impresos.).
El grupo Escombros, un destacado ejemplo del arte político, presentará una muestra en Villa Ocampo (Mar del Plata) a partir del 6 de mayo y también participará en la próxima edición de ArteBA, el 17 de este mes.
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Se llaman a sí mismos «artistas de lo que queda» y vienen desarrollando propuestas de arte social a través de instalaciones, fotos, performances e intervenciones en el espacio público, desde el surgimiento del grupo en 1988. Incluyen habitualmente textos en sus obras: «El que se atreve a soñar despierto es libre aunque viva encadenado», integra una propuesta sobre el sueño o más bien sobre los restos de sueños, fragmentos de las pocas utopías que han quedado en pie. Promueven la reflexión sobre el futuro señalando: «Antes decíamos nuestros hijos serán... Hoy nos preguntamos ¿Qué será de nuestros hijos?». La representación de la pregunta está materializada en un caballito de juguete de hace cien años, ya apolillado, ubicado sobre un piso de pinotea. Otra inscripción nos alerta: «El individualismo es una cárcel de máxima seguridad: una jaula, una prisión, en cuyo interior un personaje mira hacia fuera pero no quiere salir aunque las puertas están abiertas». La propuesta nos remite a las contradicciones de la seguridad focalizada en torno a la represión, en un país con mucha desocupación y hambre.
El escritor Aldous Huxley anticipó el tema en 1932. En «Un mundo feliz» narró magistralmente una alegoría sobre el dominio de un grupo sobre el resto de los hombres. La manipulación genética y la producción artificial de seres humanos aludía al engaño de una dictadura que persuadía a los hombres de que eran libres. El grupo representó el « sálvese quien pueda» con una escalera por la que ascienden unas figuras que se sostienen de cualquier manera, mientras en la base integrantes de una multitud se empujan, se pisan, se caen. Todos quieren llegar pero el poder no les deja otra opción que el sálvese quien pueda, representado en un mural que llevaron a cabo en La Plata.
Hierro, símil mármol y cueroson los materiales de « Sentencia», un objeto en cruz con cubiertos. Dos hojas de cuchillos están anudadas en el centro de la obra con una cuchara de bordes quebrados y un tenedor dientes doblados. El texto: «Los que me quitaron todo escribieron en mi frente: ¡Pierde toda esperanza!» Es una crítica a la situación de la gente de un país donde casi el cincuenta por ciento de la población tiene grandes dificultades económicas. La búsqueda de la verdad expone botas clavadas en la arena con espinas que se refieren a los obstáculos en el camino hacia la verdad y lo plantean como un recorrido imposible.
El poema objeto «Los amantes» es una obra lúdica, un juego en el que dos velas con forma de corazón están ardiendo y los amantes se terminan quemando por su cariño. La instalación «La silla del poeta», en madera y metal, es un objeto en sí y lo continúan catorce poemas impresos. «No me encendiste la piel sino el alma»» dice uno de ellos. La reivindicación de la poesía fue también tema de «El sembrador de soles», que llevaron a cabo en la plaza Islas Malvinas de La Plata. Una convocatoria a poetas que, junto con el público llevaron a cabo una plantación de 500 soles. En cada uno escribieron frases, textos breves y poemas en círculos de cartón amarillos que ubicaron sobre el césped.
• Performance
Interesado por el arte urbano teorizado por el gran artista alemán Joseph Beuys, no es casual que el grupo haya estado, desde sus inicios, ligado al arte de la performance, una expresión provocadora que se consolidó en el escenario artístico de la década del 70, en el marco de un conceptualismo que proponía la primacía de la idea sobre la obra. Por ejemplo, la de Joseph Kosuth en la Bienal de Arte de Buenos Aires en el Museo Nacional de Bellas Artes (2002), con textos de Julio Cortázar. Desde entonces, estas «acciones de arte» han ido desplegando estrategias distintas y se han ido relacionando con los nuevos medios y los distintos entornos socioculturales.
El espectador no sabe qué ha de ver, no se encuentra con estereotipos sino con auténticas creaciones imprevistas y espontáneas, como el festival de performances presentado en Buenos Aires, en noviembre de 2003, por la teórica chilena que vive en Suecia, Ximena Narea. El artista no actúa, sino acciona; no representa sino presenta; no encarna un papel sino se encarna. Los artistas de Escombros han recurrido a diversas estrategias y formas: la fotografía, el espacio público, los textos escritos y el uso del propio cuerpo. Una suerte de contra cultura. «Que el artista se utilice a sí mismo como material exclusivo de su contenido, podría considerarse como una manifestación extrema del ego artístico, pero si ésta fuese la cuestión -observó el excelente crítico y teórico neoyorkino Gregory Battcock-, dichos artistas estarían todos equivocados. El arte que producenno es glorificante, y tampoco es personal. Cuanto más se acerquen los artistas al hecho humano, trascendiendo los límites de una cultura en particular, más allá de un nacionalismo xenófobo o un individualismo cerrado, seguramente encuentren un punto que no ha sido descubierto». Aunque desde su formación, en 1988, Escombros se ha planteado como un grupo abierto, actualmente lo integran José Altuna, Claudia Castro, Horacio D Alessandro, David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo. Han expresado su pensamiento en distintos manifiestos: La estética de la solidaridad (1995) y La estética de lo humano (2000), La estética del arte (2003), entre otros. Sus obras han convocado la entusiasta participación del público.
«Hay, a través de todas las experiencias realizadas, un hilo conductor. Ese hilo es nuestra reflexión sobre la condición del hombre argentino y sobre la condición humana en general», escribieron en el prólogo a «Documentos», una publicación reciente sobre Escombros.
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