7 de septiembre 2000 - 00:00

"EL HOMBRE SIN SOMBRA"

“ollow man” significa «hombre hueco». «Hollow mind» significa «cabeza hueca», calificativo que se les puede dar a los guionistas de esta variación moderna de «El hombre invisible» de H.G. Welles. Para empezar, un argumento en el que un científico que acaba de inventar algo genial arriesga su futuro para meterse en la cama de su vecina es como mínimo poco serio. Pero lo peor es que una vez planteado este tipo de conflictos, al menos las escapadas del libidinoso hombre invisible encarnado por Kevin Bacon podrían haber detonado algunas situaciones intensas, divertidas y retorcidas.
Pero no, buena parte de «El hombre sin sombra» parece servir de ejemplo de lo que puede pasar cuando un proyecto de bajo costo recibe un centenar de millones de dólares que nadie esperaba: los autores no se preocuparon en transformar la historia para aprovechar las posibilidades de un presupuesto grande y el talento de un director como Paul Verhoeven, que sabe exprimir cada recurso técnico para mostrar cosas que el público nunca vio.

Dirección

Sin Verhoeven, «El hombre sin sombra» sería invisible en serio. Con Verhoeven, hay al menos media película muy fuerte, que impacta al espectador con los mejores efectos especiales de invisibilidad de todos los tiempos, a los que condimenta con un tono oscuro que logra el clima siniestro y el suspenso que un film como éste necesita (y que tenía la novela de H.G.

Wells, suavizada en todas sus versiones para el cine, incluso en la soberbia comedia negra que realizó James Whale con Claude Rains).
Más allá de cualquier defecto que tenga la película (y tiene muchos), el ritmo, el suspenso y las visiones pesadillescas desplegadas por el director de «Robocop» bien valen el precio de la entrada al cine, y por un buen rato provocan la ilusión de estar ante un excelente thriller de terror y ciencia ficción. Pero cuando se descubre el espejismo la decepción es terrible: de golpe lo que parecía una película de primer nivel toma la forma argumental de un telefilm barato de los que se ven en la TV por cable. Así es como los mejores efectos especiales, un presupuesto de 100 millones de dólares, un gran director y un protagonista tan eficaz como Kevin Bacon no tienen más remedio que respetar los límites de un guión que reduce la acción a dos pasillos y un ascensor. Al final, el fan del cine fantástico termina extrañando aquella comedia con un Chevy Chase invisible que marcó el punto más impersonal de la filmografía de John Carpenter.

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