28 de abril 2005 - 00:00

"El ojo"

La rarísima mezcla de géneros «El ojo» de los gemelos chinos Oxide y Danny Pang, generó un culto entre los fans del terror en todo el mundo, pero es difícil saber qué puede pensar (y sentir) un espectador desprevenido.
La rarísima mezcla de géneros «El ojo» de los gemelos chinos Oxide y Danny Pang, generó un culto entre los fans del terror en todo el mundo, pero es difícil saber qué puede pensar (y sentir) un espectador desprevenido.
Como tantas películas de terror filmadas en Asia, «El ojo» ha generado un culto que incluye secuelas, copias y hasta una remake hollywoodense a conocerse el año que viene. Si bien desde hace un par de años los fans criollos del género se vienen prestando DVDs extranjeros, y por lo tanto han participado del surgimiento del culto, al público general le llega ahora de buenas a primera una película tan rara como fascinante, tanto como para no saber qué puede pensar de ella un espectador desprevenido que la vea pensando que es un film de terror ordinario.

Es que «El Ojo» no es exactamente un film de terror. El tema del transplante que contagia al paciente de cualidades o vicios propios del donante se viene repitiendo desde el cine mudo y «Las Manos de Orlac». Pero «El ojo» cambia de tono no menos de cuatro veces en poco mas de uan hora y media, pasando del terror más clásico al suspenso extraño, y del melodrama fantástico a la metafísica mesiánica a veces relacionada con el cine catástrofe, tipo «El Abismo» de James Cameron. Sólo faltan marcianos para tener carton lleno. Que haya tantos cambios de estilo no suele ser considerado muy serio ni riguroso, igual que el gancho inicial del film con el tema del transplante de córnea para una mujer ciega desde los dos años que de golpe debe aprender a ver el mundo real y el mundo sobrenatural infiltrado, gracias a un don extraordinario de la donante.

En este contexto, el constantecambio de temas y estilos no es un defecto sino el corazón de esta película rarísima diseñada para generar cosas imprevisibles en el espectador. Lo que sería imposible de lograr sin la inasible estética de los gemelos Oxide y Danny Pang, por momentos enervante por pedestre, un segundo después sorprendente y brillante, tanto en la libertad y variación de estilos formales para filmar cada escena, como en una dirección de actores despareja que, igual que la música, puede mutar del tono de una telenovela caribeña al de un film de arte al estilo Wong Kar Wai, solo para dar algún ejemplo de las transformaciones permanentes que experimenta este producto demasiado complejo como para que se lo pueda juzgar debidamente en una sola visión.

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