10 de octubre 2006 - 00:00

"Es muy alto el riesgo de la crisis energética"

«La Argentina tiene un riesgo muy alto de sufrir déficits energéticos durante 2007», concluye un informe del banco de inversión Bear Stearns, quien se manifiesta preocupado por el impacto que el racionamiento energético pueda tener sobre las economías regionales del Mercosur.

El país no fue el único analizado, bajo la lupa también cayeron Chile y Brasil, pero con perspectivas mucho más favorables. En ese sentido, el informe explica que «la preocupación por la oferta de energía ya está afectando fuertemente a la inversión y al crecimiento en la Argentina, recién está comenzando a afectar a Chile y pronto cobrará peso en el crecimiento brasileño».

En cuanto al país trasandino, el riesgo es moderado para los años 2008/09, pero con dramáticos incrementos en las tarifas y con profundos cambios estructurales en la oferta mixta. También se prevé un riesgo moderado en Brasil, pero para 2010. Sin embargo, podría incrementarse dramáticamente si los cuellos de botella que presenta la oferta de gas y de energía hidroeléctrica no son solucionados en 6 o 12 meses», advierte Bear Stearns.

El banco de inversión confiesa que había tenido esperanzas en la política que impulsaba la desregulación de los servicios públicos en la década del 90, especialmente en el sector energético. «Se creía que iba a atraer inversiones y que así se iba a asegurar la oferta de energía y los resultados fueron diferentes», se apuntó.

Sin embargo, su preocupación actual no proviene por el fracaso de la política desregulacionista en atraer fondos, en proveer los precios y señalesadecuadas y en reducir el riesgo. «Nosotros creemos que la oferta de potenciales proyectos de inversión fue obstaculizada por la burocracia, especialmente en Brasil, pero ha venido incrementándose en Chile, y por la falta de gas, que es el combustible termoeléctrico más eficiente de América latina», explica el informe.

La opinión del banco sobre la situación energética de la Argentina es bastante crítica y la peor frente a Brasil y Chile, con terribles perspectivas en el largo plazo por el desincentivo a las inversiones de todo tipo.

Concluye que «mientras las reservas sigan reduciéndose, los inversores no se van a arriesgar a construir más fábricas en el país para los productos que consuman abundante energía, tanto eléctrica como gas». La razón está en la dificultad que significa conseguir contratos seguros de oferta, y cita como ejemplo y con sorpresa y preocupación la medida del gobierno que obliga a las empresas a construir sus propias plantas si quieren consumir más energía.

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