26 de abril 2005 - 00:00
"Hay centenares de etiquetas pero pocos vinos diferentes"
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John Nossiter, visitando una cosecha en Francia. Su documental «Mondovino» intenta
desenmascarar algunas leyendas de la industria vitivinícola.
«Pienso que la culpa no es de una persona. Cada quien expresa la cultura de su época, sea Steven Spielberg o Michel Rolland», dijo Nossiter. «Yo estoy por la globalización, por el intercambio de culturas y productos. Homogeneizar el gusto es otra cosa. Yo muestro tanto los diversos vinos regionales, como el modo en que las grandes firmas están homogeneizando el gusto. Es un engaño de marketing decir que hay 150 etiquetas diferentes, cuando dentro de cada botella está prácticamente el mismo producto. Cada uno ve en la película el espejo de sí mismo. En EE.UU. la reacción fue violentísima. Piensan que soy antiamericano. Me acusan de traidor, porque hablo francés. En el site del crítico de vinos Robert Parker hay 150 páginas tratándome de terrorista. Qué ironía, porque él empezó atacando al poder».
Periodista: Aunque diga que cada uno ve un espejo de sus propias ideas, cinematográficamente usted se las ingenia para dejar a Rolland, Parker, y los empresarios norteamericanos Mondavi como los malos de la película.
Johnatan Nossiter: No estoy de acuerdo. Parker es simpático, nos hizo entrar a su casa, solo que es un poco arrogante cuando nos quiere imponer su propio gusto como el único buen gusto posible.
P.: Lo mismo hacen ciertos críticos de cine. ¿Y Rolland?
J.N.: Es exagerado, de una arrogancia sin límites, y está haciendo cosas que me dan miedo. Ahora en todas partes dice que lo dejé pagando. Yo lo llamé, «Michel, si no estás conforme, debes hablar con el dialoguista de tu parte en la película». «¿Y quién es ese?». «Tú mismo». Además dice que es un hombre de la tierra, y todo el tiempo se mostró en el asiento trasero de su Mercedes.
P.: Pero la iluminación que les puso a los hermanos Mondavi, parecen dos tipos de «El padrino».
J.N.: ¡La pusieron ellos mismos! Yo nunca le dije a nadie dónde ponerse, cada uno me atendió donde quiso, sea en mitad de la viña o en su oficina. Ellos me convocaron a ese lugar, donde estaban los dos, con tres asesores de prensa, y del otro lado de la mesa, medio arrinconado, yo con una DVCam. Es curioso, hoy todavía siguen algunos de los otros entrevistados, incluso un salteño que tiene una sola hectárea y nos regaló un torrontés riquísimo, y en cambio Mondavi no existe más. Así como hay quien a hierro muere, otros viven y mueren a marca. Compraron tantas empresas chicas, y terminaron comprados por otra más grande. Querían cotizar en Bolsa, y sus accionistas los terminaron sacando. Parece algo propio de Shakespeare. Y no es que In vino veritas, pero es la verdad. Suena como una verdad cinematográfica, pero también es la verdad de la vida.
P.: ¿Por qué no entrevistó a Francis Coppola y Gerard Depardieu?
J.N.: Se negaron. Coppola después me hizo saber que le había gustado la película. Y Depardieu, en el fondo creo que sólo está prestando su imagen para el marketing de la versión francesa de Mondavi. En todo caso, los vinos que ellos hacen son como sus carreras en el cine: no están en su mejor momento.
Entrevista de Paraná Sendrós




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