Luego de «Peloton» y «Wall Street», toda película de Oliver Stone sobre el tercer mundo sólo daría risa. Quizá por eso la edición especial de «Salvador», en teoría el film más íntegro y comprometido del director de « Alejandro Magno» se marchita en los estantes de los DVDclubes. El tiempo lo explica todo, y los extras de una buena edición ayudan: hoy «Salvador» es una película que adelanta, y avisa sobre lo que vendrá, y como tal supera en creces a esa crónica medio audaz medio light de las rebeliones sudamericanas vistas por un norteamericano. El DVD está lleno de extras, sustanciosos al punto de mostrar la película políticamente incorrecta que Stone se animó a filmar, pero no a compaginar: el humor negro en los campos genocidas, las orgías con imaginativos intercambios de fluidos -por algo los extras son prohibidísimos para menores- y las reuniones de negocios del militar fascista y los expertos en marketing le hubieran dado el tono audaz e hiperrealista a esta película. Quien la alquile por los extras, deberá encontrar el tono cínico necesario para disfrutar de un film político, pero sobre todo del humor negro que exhibía Ambrose Bierce cuando bajaba al sur del Rio Grande. La película hoy es una salvajada invisible, pero 20 años después,las escenas cortadas de «Salvador», autocensuradas y guardadas celosamente por su creador, le dan sentido a una película tan elogiada cuando se estrenó como inmediatamentte olvidada, aun al editarse en DVD con la mejor tecnología posible. Ni James Woods ni James Belushi, e incluso John Savage, estuvieron nunca tan en forma como en las ominosas escenas autocensuradas de «Salvador».
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