Jorge Amado, fallecido el lunes, fue despedido ayer por miles de personas que se acercaron al Palacio de la Aclamación en San Salvador de Bahía para darle el último adiós. Los bahianos acudieron masivamente al velatorio debido a que no habrá tumba que lo recuerde.
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Sus restos fueron incinerados ayer mismo; y las cenizas, esparcidas en el jardín de la casa de Amado, en el barrio de Rio Vermelho.
La mayoría de los visitantes fue recibida por la compañera de Amado, la también escritora Zelia Gattai, a quien el novelista definía como su «ideal de felicidad». En la fila se mezclaron desde el ministro de Cultura, Francisco Weffort, y el gobernador regional, César Borges, hasta anónimos y humildes habitantes de Bahía, a los que Amado retrató en más de 30 novelas.
La muerte de Amado provocó innumerables homenajes públicos y oficiales, como los tres días de duelo nacional decretados por el presidente Fernando Henrique Cardoso. Amado fue leído por más de 80 millones de personas en todo el mundo, que compraron sus libros en 48 idiomas y en 52 países. Cientos de figuras, entre ellos sus amigos Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, enviaron mensajes de condolencia a la familia del autor.
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