Con obras de Cucurto, se inauguró un nuevo espacio en la Boca

Espectáculos

El novelista, poeta y pintor que fundó la famosa editorial Eloísa Cartonera a partir de la crisis del 2001, presenta la muestra "Choreos e improvisaciones", cuyas obras evocan las de Jean Michel Basquiat.

En un edificio de líneas puras, en la calle Wenceslao Villafañe de la Boca, Alberto Sendrós inauguró una nueva galería. Las poderosas pinturas de Washington Cucurto (1973), libremente montadas por Diego Bianchi, derrochan energía en la inmensa sala blanca.

Cucurto, editor, poeta, novelista y pintor, mantiene el poder de choque heredado -en parte- de las portadas de los libros de la editorial Eloísa Cartonera que fundó, durante la crisis de principios de siglo, junto a Fernanda Laguna y Javier Barilaro. Los libros, realizados con cartón comprado a los cartoneros que cobraban por el trabajo de hacerlos, tienen textos de escritores como Aira, Piglia o Fogwill. Se vendían en el local No hay cuchillo sin rosas de la calle Guardia Vieja, a un precio accesible. Así, la editorial cartonera contribuyó a cambiar las leyes de circulación de la literatura. En 2012 Laguna y Barilaro ya habían abandonado el proyecto, cuando la Fundación Príncipe Claus le otorgó a Eloísa Cartonera, desde entonces hasta hoy en manos de Cucurto, el Premio Mayor: 100.000 euros.

Las pinturas de la muestra “Choreos e improvisaciones” evocan las de Jean Michel Basquiat. Allí están las calaveras y el graffiti. “Los chicos nunca llegan a ser hombres se convierten en esqueletos y calaveras”, escribía Basquiat en medio del vértigo de su corta vida. Con el método del “choreo” que desde los años 80 se acepta e, incluso, venera, Cucurto se apropia del arte que cruza la escena del East Village neoyorquino en esa década.

Schnabel, con su estilo expresivo y la pincelada suelta, es autor de las películas “Basquiat” y “Antes de que anochezca”, donde cuenta la vida del escritor cubano Reinaldo Arenas. Cucurto ingresa en el mundo literario y configuran una intensa y desgarradora reflexión sobre la vida y la muerte, la búsqueda del poder, los anhelos de libertad y los sueños.

La novela de Arenas, “Celestino antes del alba”, relata la historia de un chico que en la Cuba de Fidel Castro escribe sin que nadie le haya enseñado. La analogía con Cucurto, que no terminó la escuela secundaria, surge espontáneamente. El relato visual es formidable. Las palabras, los versos de Celestino, personaje fantasmal creado por Arenas como un alter ego para escapar del autoritarismo, irritan a la familia. Al punto de que su abuelo empuña un hacha para talar los troncos grabados. La inscripción dice: “BESTIAS, BESTIAS, BESTIAS”. La palabra escrita en trance, se reitera como un mantra. Nadie sabe leer, pero sienten la escritura como una amenaza. Las pinturas pobladas por seres sobrenaturales, ostentan rastros del Picasso surrealista y de Wifredo Lam y sus junglas. En el paisaje los colores son radiantes y predominan los amarillos, ocres, verdes, rojos, negros y blancos.

La literatura inspira a Cucurto la serie dedicada al “Rey Lear” de Shakespeare, una de las tragedias más oscuras de la literatura universal. El texto crítico de Claudio Iglesias relaciona el drama de Celestino y la muerte de Cordelia, hija del Rey Lear. “En grado inverso al personaje de Arenas, a ella las palabras no le salen de la boca y no llega a decirle a su padre cuánto lo ama. Lear se ofende por esta falta de elocuencia (que confunde con frialdad de corazón), la deshereda y deja el reino en manos de sus otras dos hijas, más locuaces pero malvadas. Como resultado del mal gobierno de las hermanas, la atmósfera se desorganiza, el caos se apodera del reino y el viejo rey debe salir a restablecer las leyes”, observa Iglesias. Los colores se aplacan y el Rey Lear encarna la violencia blandiendo su espada.

En las grandes dimensiones de los cuadros, este particular arraigo en la palabra escrita y también en aquellas que Cordelia no llega a pronunciar, establece un vínculo extremadamente sensible entre la narración y la imagen. La brutalidad que acarrea la búsqueda del poder, tiende a ser comprendida de inmediato por el espectador. El proceso de producción de Cucurto, sus intenciones y el sentido de su arte quedan a la vista.

Finalmente, en las bellas oficinas surge el recuerdo. En 2014 y luego de once años, Sendrós cerró una galería que había ganado fama en el pasaje Tres Sargentos. Nicanor Aráoz, artista que hoy sorprende al público del Museo Moderno, selló la despedida. Allí mismo tuvieron sus primeras muestras los exitosos Matías Duville, Luciana Lamothe, Diego Bianchi, Leo Estol, Gabriel Chaile, Catalina León, Carlos Huffmann, Martín Legón y Mariana Tellería; además de Ana Gallardo, Marina de Caro, Santiago Porter y Feliciano Centurión. Luego, el intento de crear una galería con funciones similares a las de un museo no prosperó. Sendrós vuelve hoy a trabajar en lo que sabe. Entretanto, ¿cuáles son las cualidades de un buen galerista? Desde Ambroise Vollard hasta Larry Gagosian, pasando por Kahnweiler y Leo Castelli, hay varias coincidencias. Y Sendrós posee una virtud: un ojo casi infalible para encontrar talento, para ver y presentir un gran artista. Luego, con los años, sumó la rara cualidad que poseía Ruth Benzacar: crear y formar coleccionistas.

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