1 de agosto 2007 - 00:00
La muerte de Antonioni sepulta aún más al cine de los sesenta
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Michelangelo Antonioni, director del
cine de la incomunicación: «La
noche», «El eclipse», «El desierto
rojo» (izquierda); junto a su musa Monica
Vitti, en Cannes (medio); recibiendo
un Oscar honorífico de manos de
Jack Nicholson, a quien dirigió en «El
pasajero». (derecha)
Esa marca, a veces rayana en una pretenciosidad que nunca dejó de esombrecer su cine, tomaría cuerpo definitivo a partir de 1957 con «El grito», seguido por «La aventura», ya con su musa Monica Vitti (premio en Cannes, no sin algunos abucheos): pocos diálogos, tomas lentas y prolongadas, protagonistas abúlicos. Antonioni estaba produciendo un tipo de cine que, cincuenta años después, se sigue practicando en algunas otras cinematografías como si se tratara de una gran novedad.
«La noche» (1961), «El eclipse» (1962) y «El desierto rojo» (1964) consolidaron esa dirección, y sólo en 1966, con la que seguramente es la mejor de sus películas, «Blow Up», su nombre alcanzó fama internacional (este es, que también empezó a ser aplaudido en los Estados Unidos).
Aunque libremente, este film abientado en el swinging London estaba basado en el cuento de Julio Cortázar «Las babas del diablo».
La fama que le granjeó esta película también provocó que (como le había ocurrido a David Lean con «Doctor Zhivago»), fuera convocado por el cazador de talentos de la época, Carlo Ponti, quien le propuso una producción a rodarse en los Estados Unidos. Antonioni tuvo buena fortuna en este caso, ya que de ese acuerdo nació un auténtico clásico de los '70 sobre el inconformismo juvenil, «Zabriskie Point», que llegó a todas las pantallas del mundo.
Esta película, producida por la MGM, fue de alguna forma el cierre virtual de la carrera de Antonioni de acuerdo con un estilo y una continuidad. Desde entonces, cada una de sus nuevas incursiones en el cine fueron esporádicas, distantes entre sí, fuera de «corpus».
En 1975 rodó, también en los Estados Unidos y para Ponti, la irregular «El pasajero» con Jack Nicholson y Maria Schneider, la starlet de fugaz vigencia después de «Ultimo tango en París». Hizo un documental sobre China, «Chung Kuo»; un primer experimento rodado en video, «El misterio di Oberwald», y en 1992 «Identificación de una mujer», última de sus colaboraciones con Monica Vitti. Sus dos últimas colaboraciones para el cine, más humanitarias que de auténtica participación luego de su derrame cerebral, fueron «Más allá de las nubes» (2000), que codirigió Wim Wenders, y el film en tres episodios «Eros», junto con Steven Soderbergh y Wong Kar Wai.




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