29 de septiembre 2006 - 00:00

La salud pública según Muscari

Las veteranas María Isabel Chiapetti, Elsa Bloise y Dina Pugach aportanespontaneidad a un espectáculo con desniveles de toda clase y situacionesdeliberadamente groseras, que sin embargo impacta por lacontundencia de sus testimonios.
Las veteranas María Isabel Chiapetti, Elsa Bloise y Dina Pugach aportan espontaneidad a un espectáculo con desniveles de toda clase y situaciones deliberadamente groseras, que sin embargo impacta por la contundencia de sus testimonios.
«Sensibilidad». Dramaturgia y Dir.: J.M. Muscari. Int.: M. Urtubey, M. Bustamante, P. Schiavon y otros. Vest.: P. Schiavon. Ilum.: M. Alvarez (Teatro del Pueblo.)

Siempre atento a hincarle el diente al costado más oscuro de la sociedad argentina, el director José María Muscari (autor de «Shangay», «Electrashock» y «Piel de chancho» entre otros trabajos), aborda en «Sensibilidad» el tema particularmente traumático de la salud pública. En realidad es una excusa para hablar de la corrupción, la falta de solidaridad, la desidia y el empobrecimiento que afecta a nuestro país, a través de un humor mordaz y por momentos algo escatológico. El deterioro de los vínculos familiares, el resentimiento entre clases, la desconfianza entre porteños y provincianos y un racismo cada vez menos solapado, son las caras más elocuentes de este «todos contra todos».

El espectáculo se inicia en el hall del teatro, donde el equipo de médicos recibe y vapulea al público al mejor estilo Gasalla; mientras que los pacientes (abandonados en la sala de espera) exhiben un grado de sordidez y de pauperización similar al de aquellos «Feos, sucios y malos» que retrató en cine Ettore Scola. Su película mostraba en plan tragicómico la decadencia moral de una familia italiana de clase baja y Muscari, en cierta forma, recurre a ese mismo espejo deformante para llamar la atención sobre ciertos rasgos enfermizos de nuestra idiosincrasia. No teme convertir poco menos que en monstruos a esa gente embrutecida por la falta de recursos, ni se priva de señalar el cinismo y la impotencia de los profesionales de la salud ante un servicio público mal administrado y siempre a punto de colapsar.

El espectáculo incluye algunas escenas -entre oníricas y psicodélicas- que no tienen mucho que ver con la trama central, pero al menos aligeran el tono oscuro de la puesta. «Sensibilidad» impacta por la contundencia de sus testimonios y la furia que destilan ciertas discusiones y alegatos. Su dramaturgia, en cambio, presenta varios puntos flojos. En primer lugar, el autor ha desperdiciado un motivo de gran potencia dramática -la epidemia poliomelítica de 1956- que se diluye entre otras referencias sociales. De las distintas historias de vida que se entrecruzan en escena ninguna alcanza el desarrollo esperado; en cambio, abundan los gestos extemporáneos (el joven afrancesado que muestra su trasero al público o la alternadora en inesperado topless) y las discusiones de alto voltaje, algunas de ellas muy ocurrentes, otras deliberadamente groseras.

En cuanto a las actuaciones, éstas requerirían de un mayor ajuste ya que en general presentan desniveles y cierta tendencia a lo declamatorio. Aún así, cabe destacar la labor de tres actrices ya veteranas y habituales colaboradoras de Muscari (María Isabel Chiapetti, Elsa Bloise y Dina Pugach) quienes con su delirio y desenfado brindan una agradable dosis de espontaneidad al espectáculo.

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