13 de marzo 2001 - 00:00
Liv Ullmann: "No soy tan pesimista como Bergman"
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Liv Ullmann.
«Al doblar mi personaje de sueco-argentina en 'La amiga', Bárbara Mujica hizo un trabajo fantástico. No trató de imitar el tono de mi voz. Ella directamente le puso al personaje su propia voz, con su propia experiencia, y el resultado quedó mejor que como yo lo hice», afirma.
Liv Ullmann: El me lo dio para que yo lo hiciera. Pero enseguida advertí que la historia se basaba en un hecho de su propia vida, que todavía lo tenía impresionado. Era algo tan personal que, a mi juicio, era él mismo quien debía filmarlo, para exorcisarlo del todo.
P.: Pero Bergman ya no filma.
L.U.: ¡Pero sigue dirigiendo teatro, hace telefilms, una radionovela, y está escribiendo una novela! ¡Todo eso! Y ya pasa los 80 años. Quién sabe cómo seremos a esa edad, pero no creo que hagamos ni la cuarta parte... La cuestión es que no quiso filmarlo. Quería que lo hiciera yo. «En ese caso», le dije, «la película es mía, y puedo entender la historia de otro modo». Y él me dijo: «Eso es lo bueno». Y me dio carta blanca.
P.: ¿Entonces hay muchas diferencias?
L.U.: De las cinco películas que dirigí, dos tienen guión de Bergman. Yo sigo debidamente lo que escribió, salvo algunas palabras. Sé muy bien, como actriz suya, que a Bergman le desagrada cambiar mucho las palabras, pero a veces en el rodaje surgen cambios, improvisaciones, que resultan positivas, y las aplico. El guión sigue siendo prácticamente el mismo, aunque algunas ideas sean suyas, y otras sean mías. Lo que cambia es la interpretación.
P.: ¿Es decir?
P.: En ese sentido, «Infidelidades» parece muy enlazada con sus películas anteriores, como «Sofía» y «Karen Lavendotter», sobre hijas que disfrutan menos que sus padres.
L.U.: Así parece. Hay una continuidad en estas películas mías, y es sobre el amor. El amor soñado, el amor recibido, el amor abandonado, la gente que abandona a su amor... Eso tiene de interesante el cine: la variedad de puntos de vista que provoca. Me gustaría que al ver «Infidelidades», la gente discutiera sus puntos de vista. Además, me encanta ese tipo de discusiones.
P.: ¿No será feminista?
P.:Hablando de agradar,¿volverá a la actuación? Las cámaras todavía aman su rostro.
L.U.: Es un mérito de los directores de fotografía, maestros maravillosos de la luz, por quienes tengo un alto respeto. Quise hacerle un homenaje a Sven Nykvist en un cortito de «Lumière y compañía», pero no me salió. Por suerte, su hijo Carl Gustav le ha dedicado un hermoso documental, «La luz me acompaña», con aportes de Bergman, Woody Allen, Vittorio Storaro, míos... Me parece injusto, cuando hablan de Bergman, que se olviden de su fotógrafo.
P.: En esas películas, como «Gritos y susurros», por ejemplo, usted se ponía delante de la cámara, y Nykvist parecía captar su alma. ¿Cómo se logra eso?
L.U.: (Acercándose, y encuadrando al periodista con sus manos.) Se logra con una cámara muy cerca, y un sentimiento muy verdadero. El y yo. Es como dos enamorados. Si hay una relación de afecto entre la cámara y la actriz, la intensidad de ese afecto va a transmitirse directamente a la película.
P.: ¿Alguien le dijo alguna vez un piropo tan lindo como el que le dice un director de orquesta a la mujer en su película, «Hacer el amor contigo es mejor que dirigir 'La consagración de la primavera'»?
L.U.: ¡Nooo! ¡Usted es el primero que me lo dice! ¿Le gustaría trabajar en mi próxima película?




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