17 de diciembre 2008 - 00:00
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Pese a la importancia de este regreso al universo de Bartís que funciona en el Sportivo Teatral (Thames 1426, Capital) y en donde también actuó piezas emblemáticas como "El pecado que no se puede nombrar" y "Textos por asalto" en homenaje a Leónidas Lamborghini, "el acontecimiento intransferible e incomparable fue la llegada de mi primer hijo".
"La verdad es que yo no sabía lo que era ser padre y estoy muy conmovido con eso. Con la llegada de Lorenzo ya nada puede hacer que este año sea malo", confesó sin resignar emoción.
Desde la misma inquietud sostuvo que "tener el primer hijo es una sensación de abismo terrible, pero la magnitud es enorme porque uno se equivoca permanentemente, también aprende constantemente pero se va a volver a equivocar".
"Sin embargo -se explayó- estamos ante un ser vivo que lo va a superar a uno. Esa sensación se emparenta mucho con la que uno tiene frente a un hecho creativo".
A la hora de comparar sensaciones, admitió que "lo profesional, que siempre ocupó un plano principal, quedó totalmente relegado a un plano menor".
En ese contexto, sin embargo, el reencuentro con Bartís resultó trascendente para el intérprete rosarino ya que el creador se convirtió en su referencia más importante desde que llegó a Buenos Aires en 1993.
"Bartís no responde a una idea preestablecida, a un texto preescrito sino que trabaja en base a la improvisación y a los temas a los cuales hay que llegar. De esa manera, los actores somos parte protagónica de la creación del texto", subrayó.
Es cierto que en "La pesca" la mayor parte del texto surgió del trabajo conjunto de Machín con Sergio Boris y Carlos De Feo. "Bartís nos hace sentir parte de un proceso creativo que finalmente se plasma a través de un trabajo colectivo", aseguró.
En este caso el momento inicial del proceso creativo partió de algunos temas propuestos por el director como si fueran pilotes de un puente: la llegada al subsuelo de la fábrica abandonada donde se desarrolla la acción, el desarrollo de una discusión política y el vínculo entre tres peronistas con distintas formas de pensar.
"La idea que flota en el texto -puntualizó- es que siempre hay que entregar algo y esa es la sensación que yo tengo del proceso creativo. En cualquier orden de la vida uno tiene que entregar algo si quiere conseguir algo".
Para profundizar esa observación, añadió que "si uno quiere perpetuar una idea, una forma de trabajo, algo tiene que entregar. Yo tuve que otorgar también horas que podía haber dedicado a hacer una serie o una película y lo hice con mucho placer".
Esta forma de participación en la creación, sin nada que lo contenga, teniendo que apostar a sus propias fuerzas, puede generar en los actores cierto grado de angustia.
"Siempre hay una sensación de abismo -confirmó-. Todo lo que a uno como ser humano lo predisponga a una búsqueda más profunda y esencial de lo que quiere ser como persona, lo confronta con la sensación de que se va a tirar al vacío y no sabe qué va a pasar".
La entrega de Machín en torno a "La pesca" no le impidió en 2008 tomar parte en los filmes "La mosca en la ceniza", de Gabriela David, y en "La revolución es un sueño eterno", adaptación de la novela de Andrés Rivera realizada por Nemesio Juárez.




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