27 de abril 2005 - 00:00
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Augusto Roa Bastos en ocasión de su última visita a Buenos
Aires, con la Orden del Libertador General San Martín
que le otorgó el canciller Rafael Bielsa.
Ya en Buenos Aires publicó un nuevo poemario en 1960, «El naranjal ardiente» ( Nocturno paraguayo) y los relatos «El trueno entre las hojas» (1953), «Hijo de hombre» (1960, un anticipo de lo que sería «Yo, el supremo») y «El baldío» (1966), donde abordó los problemas sociales y políticos de su país.
En 1967 Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa lo invitaron, junto a Gabriel García Márquez y Alejo Carpentier, a participar en un libro que se llamaría «Los padres de la patria», antología de relatos que tratarían de dictadores latinoamericanos. Querían dedicar un capítulo a un déspota paraguayo. El libro no llegó a concretarse, pero dio lugar a tres novelas magistrales: «El otoño del patriarca», de García Márquez, «El recurso del método», de Carpentier, y «Yo, el Supremo», de Roa Bastos.
En esta novela de 1974, su obra maestra, recreó los últimos días del gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia (1811) y relata la rebelión del pueblo paraguayo ante el régimen de quien es identificado por el escritor como «El Supremo». Muchos vieron en ese personaje, pese a sus abismales diferencias históricas, al mismo Stroessner, razón por la que la novela estuvo prohibida algunos años en Paraguay. Nada más lejos de ese inspirador: en ocasión de recibir el Premio Cervantes, el narrador llegó a reconocer que concibió a su protagonista sobre la base del Quijote.
Su producción también se compone de «Los pies sobre el agua» (1967), «Madera quemada» (1967), «Moriencia» (1969), «Cuerpo presente y otros cuentos» (1971), « Antología personal» (1980), «Contar un cuento y otros relatos» (1984).
En 1985 estrenó una adaptación teatral de «Yo, el supremo». En 1992, en ocasión del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, publica la novela «Vigilia del Almirante», sobre Cristóbal Colón, y luego escribe «El fiscal» (1993), «Contravida» (1994) y «Madama Sui» (1996).
En el cine, además de «El trueno entre las hojas» y « Sabaleros» (ver recuadro) participó como guionista, adaptador o inspirador con su propia obra, de varios otros films, en especial «Shunko» (1960) y «Alias Gardelito» (1961), ambas de Lautaro Murúa, la notable «Hijo de hombre» de Lucas Demare (1961). Con Tomás Eloy Martínez adaptó «El último piso» y «El terrorista», luego hizo «La boda» en 1964, otra vez con Demare, con quien también colaboró en «La madre María» de 1974.
«Como espectador, mi preferida es 'Shunko', la primera de Lautaro Murúa, esa historia conmovedora de un maestro y unos niños del monte santiagueño» dijo en un reportaje a este diario en 1998, en uno de sus tantos viajes a Buenos Aires. «Pasamos tres meses en Santiago del Estero, en contacto directo con la gente.Y qué símbolo de nuestro americanismo esa película: un director chileno, un guionista paraguayo, basados en las memorias de un maestro argentino. Y por supuesto, la de Lucas Demare, 'Hijo de hombre'. Y aquel joven Armando Bo, a quien recuerdo con mucha gratitud porque fue el primero en entusiasmarsepara llevar al cine un libro mío.Y hay otros claro, como Manuel Antín, que adaptó una historia mía para su 'Castigo al traidor'. Por razones de higiene creativa,eso sí, traté no no molestar a los directores. Acaso los espiaba un poco, para tratar de influirles mi pensamiento, pero sin imponerme a la fuerza».




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