27 de abril 2005 - 00:00

"No siento que sea una escritora para mujeres"

A Elvira Lindo le divierte, luego de haber recibido el SeixBarral, que le cuestionen que luego de haber logrado éxito enla literatura infantil haya pasado a la literatura para adultos.
A Elvira Lindo le divierte, luego de haber recibido el Seix Barral, que le cuestionen que luego de haber logrado éxito en la literatura infantil haya pasado a la literatura para adultos.
La escritora española Elvira Lindo, que actualmente reside en Nueva York, está visitando la Feria del Libro, presentando su novela «Una palabra tuya», con la que ganó los 30 mil euros del prestigioso Premio Seix Barral 2005, donde se presentaron 92 argentinos. Periodista, columnista del diario «El País» de España, Elvira Lindo escribió teatro, fue guionista de radio, cine y televisión, y se convirtió en una autora popular al crear la serie del personaje de literatura juvenil Manolito Gafotas. Está casada con el escritor, y miembro de la Real Academia, Antonio Muñoz Molina. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Por qué su novela se llama «Una palabra tuya»?

Elvira Lindo: Ese titulo está sacado del Evangelio, es esa frase que tantas veces oímos en misa, «una palabra tuya bastará para sanarme». Es una petición auxilio y una declaración de amor. «Una palabra tuya» trata de personas que huyen de su propio destino, que quieren cambiar, y buscan desesperadamente su mínima parte de felicidad. La protagonista es una barrendera que le pregunta a Dios: por qué me has dado esta vida, yo me merezco algo mejor. Es un libro sobre una redención. Rosario busca que se le perdone ser como es.


P.:
¿Qué escritores considera que la influenciaron al escribir esta novela?

E.L.: Quizá haya tenido una influencia muy grande, sin quererlo, de escritores judíos, y de su relación con la culpa. Mis personajes parientes de los de Isaac Bashevis Singer, que están portándose mal todo el tiempo y están arrepintiéndose todo el tiempo.


P.:
Usted, que es famosa en España, está en gira por países que sólo la conocen por haber ganado un premio prestigioso.

E.L.: Eso me provoca sentimientos encontrados: el trabajo de tener que explicar quien soy, que me resulta complicado; y el alivio de no tener pasado y que sólo sirva mi novela. En España, al haber hecho cosas tan distintas, tengo que explicar por qué paso del periodismo a la literatura, algo que a la crítica le cuesta entender. En las entrevistas hay preguntas que me persiguen: por qué me mudo del humorismo a la novela seria, por qué salto de la literatura juvenil al cine, cómo me va el estar casada con otro escritor y, encima, académico. Tengo que pasar todas esas preguntas para llegar a hablar sobre mi libro. Cada uno llevamos nuestra cruz, y yo he tenido una vida muy azarosa. Fui madre muy joven, me separé y trabajé en lo que saliera. Escribí en la tele para cómicos espantosos, y para el cine. Siempre sentí que esas experiencias, un poco extravagantes, me iban a servir para algo. Me han pagado por escribir en sitios muy diferentes, y acaso eso es tener suerte.


P.:
¿Esos trabajos le ayudaron en su oficio de escritora?

E.L.: La radio, por ejemplo, es un medio muy cercano a la literatura, provoca imaginación, evoca un mundo de ficción. Yo entré en la radio pública en los años de la movida, donde aún quedaban esos viejos locutores de voz muy engolada. Me siento afortunada de haber conocido a esos dinosaurios porque sostenían ese caracter literario de la radio. Empecé a escribir cuentos para la radio utilizando a esos viejos locutores de una forma más humorística.


P.:
Su novela, un largo monólogo, ¿proviene de su trabajo en la radio y la televisión?

E.L.: Siempre he trabajado en los medios de forma literaria, he escrito ficción. Es verdad, allí la voz de los personajes es muy importante y uno alcanza cierto oficio en la creación de esas voces, en quitar adjetivos, en que las cosas sean muy secas y directas. Los medios me parecen una buena educación para la escritura. Se aprende a decir las cosas en el menor espacio y tiempo posible.


P.:
La protagonista de su novela apareció antes en una película dónde, además, usted actuó.

E.L.: Escribí guiones para Miguel Albadalejo. que ganó el Festival de Mar del Plata. En la primera, «Ataque verbal». cuando le intentaba explicar los diálogos de los personajes, al representárselos, me dijo: haz un papel pequeñito. Actué como una de las barrenderas que ahora están en mi novela, y me convirtió en fetiche de sus películas.


P.:
¿Qué diferencia encuentra entre escribir para el cine y para los libros?

E.L.: Cuando se prueba el escribir un libro, donde se es dueño absoluto de todo, el cine cuesta más, porque allí se es un empleado, no se manda sobre la ficción que se ha escrito.


P.:
¿Se ubica dentro de la llamada «literatura femenina»?

E.L.: Yo no me siento una escritora para mujeres, esa es una literatura que parece hecha para el consumo femenino, a la que un hombre se siente menos atraído, y mi libro es para cualquiera. Mi protagonista es una mujer, yo soy una mujer, pero no se que aporta mi género, he leído personaje magníficos de mujeres, de enorme hondura, escritos por hombres. Mi personaje no asume todas las cosas que se supone como tópico que tenemos las mujeres y que están demasiadas veces en la literatura femenina.


P.:
¿En su país le envidian que sus libros se vendan tanto?

E.L.: Actualmente vivo en Estados Unidos, donde la envidia no se vive como tal sino como admiración, y sorprende que entre nosotros se critique el que se tenga éxito, como si se tuviera que pedir perdón por ello. Una vez Rafael Azcona me dijo: «no tienes que dar tantas explicaciones». Es que hay gente tan mezquina que piensa que escribir artículos cómicos es fácil, que es una tonteria escribir literatura para niños, que me consideran « mediática» y, por tanto, frívola. Conozco algunos escritores que se presentan como sesudos y dan una imagen de su obra que no se corresponde con lo superficiales que son.


Entrevista de Máximo Soto

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