29 de enero 2002 - 00:00

Oscar Soler vindica el dibujo arquitectónico

Croquis de La Ciudad Judicial
Croquis de "La Ciudad Judicial"
La trayectoria profesional y docente del arquitecto Oscar «Cacho» Soler, integrante del estudio Lama-Soler, que actualmente presenta sus obras en una video-instalación, en el Museo Nacional de Bellas Artes, reivindica la importancia del dibujo. La arquitectura puede definirse como la invención de un paisaje cultural, que supone acuerdos entre espacio geográfico y tiempo histórico, entre arte y sociedad, entre mundo y lugar, entre medios y fines. Pero estos acuerdos, o disolución de contrarios, generan una tercera instancia superadora: el paisaje cultural.

«Nosotros los arquitectos vivimos hablando de silencios, fondos y figuras, de acentos y gestos, de la idea de espacio, de la luz y la sombra. Eso es lo que nos interesa. Ese es nuestro vocabulario»
, ha dicho Cacho Soler. Graduado con Medalla de Oro (1964) de la Escuela Técnica Cornelio Saavedra en la especialidad construcciones, inició el curso preparatorio en la Facultad de Ingeniería. Pero su fuerte vocación por el diseño lo decidió a ingresar en la Facultad de Arquitectura, donde se graduó en 1971.

Ya durante los últimos años de estudiante se destacó por su condición de dibujante y trabajó para concursos con reconocidos estudios de Buenos Aires. En esta época, fue tapa de la revista «Temas de Arquitectura», de Madrid, su perspectiva del Primer Premio para el Auditorio de la Ciudad de Buenos Aires, en colaboración con los arquitectos Baudizzone, Díaz, Erbin, Lestard, Varas.

En 1972, asociado con Miguel Angel Lama, inició su actividad profesional independiente y obtuvo el Primer Premio en el Concurso Nacional para el Centro Cívico de Olavarría. Años más tarde se integró a la llamada Generación intermedia de Buenos Aires, como miembro del estudio Pasinato-Soler-Viarenghi, (1976-1988), con quienes se asoció en el proyecto de la nueva ciudad de Federación, Entre Ríos.

• Experiencia

Para cualquier arquitecto es poco común ese tipo de experiencia, y menos si se tiene en cuenta la participación popular que rodeó a la iniciativa, tendiente a relocalizar la ciudad como consecuencia de la represa de Salto Grande. Fueron los vecinos quienes eligieron el emplazamiento, en un referendo celebrado el 12 de octubre de 1974, optando por una de las cinco zonas predeterminadas, y a ellos se les consultó e informó, en busca de sugerencias y enmiendas, acerca de los planes elaborados. Una gran lección que debería continuarse.

Ubicada a orillas del lago creado por la represa, la nueva Federación se diseñó de Oeste a Este. Se estableció en primer lugar, el área de huertas y quintas; luego, el sector industrial y de actividades suburbanas; la zona de reserva forestada; y a continuación, hasta la margen del lago, el área urbana (viviendas y comercios). Dentro de esta última, el centro cívico, el centro cultural y deportivo, y el centro turístico, formando ejes de articulación.

Soler
tuvo a su cargo la recuperación del Teatro Avenida (1908), edificio emblemático de la histórica Avenida de Mayo, que había sido destruido por una explosión intencional a comienzo de los años '80. «Teníamos el estudio montado sobre el escenario y ahí me pasaba todo el día dibujando», recuerda. «Sacábamos lo que se demolía para volver a construirlo. Fue una obra de reciclaje y restauración: una parte se renovó y la otra se restauró».

Durante la última década, vuelve a trabajar con su primer socio, el arquitecto
Lama, con quien se especializa en imágenes institucionales. En 1998, asociados a los arquitectos Echeverri y Piller, ganaron por concurso la remodelación de las oficinas comerciales de Edesur. Las propuestas de los arquitectos para varias sucursales se destacaron por su funcionalidad y calidez. En 1999, el estudio obtuvo el Primer Premio en el Concurso para la sede de Molinos Río de la Plata en Victoria (Ruta Panamericana). En esta obra, una de las premisas básicas fue la «funcionalidad para los lugares de trabajo, no como un entorno frío y despersonalizado sino, por el contrario, un ámbito pensado como lugar de encuentro y comunicación entre las personas».

Por último, con el arquitecto
Mariano García Mittieux, fueron distinguidos con el proyecto ganador del Concurso para la Universidad Nacional de Tres de Febrero, que comprende la remodelación de 2.300 metros cuadrados y la construcción de 1.400 nuevos. Acerca de esta obra los arquitectos señalaron que «la justificación ideológica de la propuesta se basa en un sistema espacial que sea el correlato del modo de vida universitaria, los usos específicos del ámbito de los estudiantes, las distintas relaciones entre los mismos y el enriquecimiento sinérgico que el edificio promueve».

• Exposiciones

Entre otras muestras, Soler ha expuesto sus dibujos en el Departamento de Arte de la New York University; en el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, y en el Instituto Francés de Arquitectura de París. Soler ha desarrollado una permanente actividad docente. En 1978-80, participó en los cursos de la Escuelita de Buenos Aires, que todos los años convocaba a un arquitecto como profesor invitado. «En esa época el tema era la ciudad y estábamos todos reviendo el movimiento moderno. Enseñábamos de la mano de Robert Venturi y Aldo Rossi», señala Soler.

Actualmente es Profesor Asociado, en la Cátedra Llauró-Soler, en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires.
«Cuando corrijo, dibujo mucho sobre los proyectos de los estudiantes. Se trata de verificar ideas espaciales y hacer una vista rápida con tres manchones para marcar las luces y las sombras. Esa dinámica proyectual es parte del quehacer del diseñador. Creo que la forma más rápida de acercarse a la idea de la arquitectura es a través del dibujo, como síntesis del proceso creativo», sostiene Soler.

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