14 de septiembre 2000 - 00:00

"PANTALEON Y LAS VISITADORAS"

E scrita en 1973, la divertida novela de Mario Vargas Llosa tuvo una temprana adaptación cinematográfica en 1975 a manos de su propio autor, muy experto con la pluma pero no con la cámara. Protagonista era José Sacristán, quien, justo ahora en Buenos Aires, al ser consultado propuso llanamente «hombre, mejor no la recordemos, fue un rodaje muy accidentado». La versión que ahora se estrena, en cambio, es digna de memoria. Y es un deleite en todo sentido.
Digamos también que es, en primer término, una obra de Francisco Lombardi, el mismo de películas como «La ciudad y los perros» (también basada en Vargas Llosa), «En la boca del lobo», «Sin compasión» (que lleva a la Lima de los '90 el «Crimen y castigo» imaginado por Dostoievski un siglo antes en Moscú), «Bajo la piel», y «No se lo digas a nadie». Como cualquiera advertirá, no es un autor de comedias. Lo primero que ha hecho ante «Pantaleón», fue, precisamente, replantear el tono original de la farsa.
Claro que en esta historia de un joven y honrado capitán de Intendencia puesto a organizar un servicio de prostitutas para los cuarteles de la Amazonía (
«medida higiénica» de sus superiores, a fin de evitar que los soldaditos sigan arrasando con todas las criaturas de la zona), es lógico que se mantenga la risa, en especial ante la ilustración de famosos informes militares, ciertas expresiones del habla cotidiana, los métodos del organizador
para establecer el espíritu de cuerpo entre las así llamadas visitadoras, una exultante prueba piloto, la facha de algunos personajes, y los reclamos de la más linda para hacerse
«un test de calidad» con su capitancito.

Compromiso

Pero hay algo más. Desplazando hábilmente la diversión hacia el relato pasional, incluso romántico, entre el protagonista, casado, y la más linda, pero también la más peligrosa, el autor compromete emocionalmente a los espectadores, y clava mejor sus dardos. Y así vemos no solo una situación risueña, y una burla a los organismos hipócritas y negadores, sino una singular historia de amor, que trasciende sus límites, en potente y humano desenlace.
Con esa historia, bien armada, y unos artistas notables, desde
Salvador del Solar y la deliciosa Angie Cepeda (que más allá de un revuelo de ojos a la americana, tiene estilo y encanto bien personales), hasta el extra de la última fila, y ni hablar de característicos como Pilar Bardem, Gustavo Bueno, y Aristóteles Picho (un personaje fuera de serie), Lombardi se confirma aquí entre los mejores directores del actual cine latinoamericano. Hay quien desprecia ese origen. Primero debería ver la película.

Dejá tu comentario

Te puede interesar