4 de septiembre 2000 - 00:00

"PARIS-TOMBUCTU"

L o último del depravado moralista García Berlanga que se estrenó aquí fue «La vaquilla», en 1985, presentada por él mismo, en la hoy alicaída sala A-B del San Martín. Sus come-dias posteriores («Moros y cristianos», «Todos a la cárcel»), y la serie que dedicó a Blasco Ibáñez, sólo se vieron por cable. En compensación, pueden encontrarse varios videos de sus films anteriores, incluyendo sus clásicos «El verdugo», «Patrimonio nacional», «Tamaño natural», y «Calabuch». Este último viene a cuento, porque a él volvemos, mejor dicho, al pueblito de Calabuch, que el cineasta inventó en 1956 como ideal valenciano de placer, alegría y refugio. «Me gusta Calabuch», decía el protagonista, un científico nuclear escapado de sus obligaciones, «porque cada uno hace lo que le gusta, la gente no se molesta en ser diferente de lo que es, ni tampoco en lo que piensen los otros. Cada cual vive su vida, sin hacer daño a los demás». Eso, en tiempos del generalísimo...
Sólo que ahora el protagonista es un cirujano plástico ya viejo para ciertos placeres, que en vísperas del año 2000, por una razón bochornosa, termina recalando en aquel pueblito valenciano, donde siguen aquellas normas de vida, pero ya exageradas.
Dejemos al espectador la diversión de encontrar qué clase de alcaldesa, farmacéuticas, cura, o mecánico viven por allí, saber qué es una monja exclaustrada, un anarconudista, o un fetichista librepensador, cómo se mueve un tour de feligreses eurocentrales, una procesión, un desfile pagano, unos acuerdos de esos que antes eran bajo la mesa y ahora a cara descubierta, encontrar, si aún no lo sabe, el humor sarcástico de don Berlanga, con esos personajes y esos diálogos tan suyos. Los va a disfrutar.
Pero, pasado un tiempo, en este Calabuch ya no dan ganas de quedarse a vivir. La permisividad se ha vuelto disparate, ostentación del mal gusto, agresión y deja mal sabor de boca. Irregular, algo displicente, el hombre, hoy casi octogenario, ha hecho un fresco auténticamente discepoliano del siglo XX, lo ha hecho a conciencia y lo rubrica en un graffiti al lado del camino.
Buena estrategia, buena rúbrica y muy buena canción final.

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