Pasteles, Notting Hill y amores que no superan la medianía

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Una pastelera y su amiga han alquilado un pequeño local para poner su propia confitería en el barrio londinense de Notting Hill, pero, inesperadamente, la experta muere. Esto se cuenta al comienzo, de modo elíptico, entre paisajes otoñales. Transcurrido el tiempo de duelo y depresión, su hija y la amiga deciden seguir adelante con el negocio. A regañadientes se incorpora la madre de la finada, como socia financiera. La vieja no se llevaba bien con su hija, no se lleva bien con la nieta, pero, como esto es una película, todo mejora prontamente. En especial cuando agregan a un auténtico pastelero, hábil, buen mozo (y posible padre natural de la chica, algo que ambos deben investigar). La cosa mejora todavía más cuando a la madre se le prende la lamparita y resuelve en un dos por tres cómo llenar de clientes el local.

La que no mejora demasiado es la película, que mantiene un tono medio apagado inclusive en las partes risueñas y románticas. Por suerte la trama es amable y llevadera, las tortas y demás tentaciones despiertan el apetito, el barrio es lindo aunque se muestra poco, y las intérpretes resultan lindas y simpáticas. Sobresale, naturalmente y sin mucho esfuerzo, la veterana Celia Imrie, aquí aplaudida en dos de Bridget Jones, dos del hotel Marigold y el lujurioso (para galanes de la tercera edad) “Chicas de calendario”. Acá le arrastra el ala alguien más veterano pero de menos cartel, el casi octogenario Bill Paterson del clásico de humor negro “Haga el favor de matarme”. Por supuesto, hay un conato de romance entre ambos. Autora, Eliza Schroeder, que dedica ésta, su primera película, a la memoria de su madre.

“Una pastelería en Notting Hill” (“Love Sarah”, G:B., 2020). Dir.: E. Schroeder. Int.: C. Imrie, S. Tarbet, S. Conn.

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