7 de agosto 2001 - 00:00

Percepción, didáctica y audacia: arte en la favela

Favela de San Pablo.
Favela de San Pablo.
(06/08/2001) San Pablo - Con los ojos clavados en la pantalla, un muchachito de trece años, de la favela Monte Azul, carga sus pinceles digitales con colores estridentes y enciende los tonos neutros de un boceto del «Guernica».

En un aula que no difiere demasiado del entorno, es decir, de la densa marea de miseria que la rodea, un grupo de alrededor de doce adolescentes interviene en la conocida imagen de Picasso. Uno dibuja sus propios rasgos de mulato sobre los del toro, mientras otro pinta un charco rojo junto a la cabeza de la figura yacente.

Se trata de una clase del Programa de Pensamiento Visual de Arte Viva, institución que adaptó el proyecto educativo del Museo de Arte Moderno de Nueva York a esa precaria realidad local.

Ante el boceto del «Guernica», el docente invita a los alumnos a hablar libremente y sin inhibiciones sobre la obra. Ellos advierten lo inocultable, la violencia que transmite la imagen y la crueldad de la guerra. El diálogo que se establece no es el típico «cuentito» inspirado en el cuadro, sino una serie de preguntas estratégicas que favorecen su análisis.

Antes de que intervengan sobre el dibujo, el maestro aporta algunos datos sobre el bombardeo que inspiró a Picasso y el tono dramático de la obra. «Se busca de que vuelquen su subjetividad», dice. Cuando finaliza la clase, cada trabajo se guarda en un disquete, como un documento.

Antecedentes

El arte ingresó con éxito en las favelas el año pasado. Primero a las de Rio de Janeiro, con las imágenes digitales de la exposición «Esplendores de España, del Greco a Velázquez», y la semana pasada a la favela paulista, con las imágenes «De Picasso a Barceló», ese recorrido por el arte ibérico que acaba de pasar por Buenos Aires.

De este modo, el programa educativo de Arte Viva se incorporó al del Comité para la Democratización de la Informática, una ONG que aspira a suturar la brecha del conocimiento que hoy profundiza la falta de acceso a la tecnología.

El afán por nivelar la desigualdad social tiene su historia y su razón de ser en la abrupta disparidad brasileña. El Comité funciona en 336 centros comunitarios que, desde hace 33 años, están diseminados por todo el país y tienen su sede en favelas, cárceles, un instituto psiquiátrico y dos de menores. En esos sitios solidarios se enseñan manualidades que se ofrecen a la venta: títeres, muñecos, muebles, juguetes, el cotizado papel hecho a mano y también fotografías, imágenes que en formato postal exhiben sin pudor la pobreza. Pero la llegada de las computadoras provocó cambios notables.

«El nivel de analfabetos en las cárceles era de 80%, y en un período de un año y medio de clases de informática quedó prácticamente reducido a cero», cuenta Rodrigo Bayo, directivo del Comité.

Beneficios

Además de ser un bálsamo que en todos los casos ayuda a sobrellevar una vida ingrata, ¿qué beneficios concretos puede deparar la enseñanza del arte en sitios con carencias extremas? Imposible saberlo. Aprender a utilizar algunas herramientas del diseño gráfico puede ser el primer paso para una salida laboral, y tampoco se sabe cuándo puede despertar una vocación artística.

«El objetivo es generar oportunidades y acceso al arte, que estos chicos estén en condiciones de abrir su espíritu hacia otras concepciones de vida», señala la presidenta de Arte Viva, Frances Reynolds Marinho. «Al fin, el genio de Picasso surgió en medio de la peor crisis económica de España», reflexiona un docente. Cuenta además que prepara una visita a la Pinacoteca, para que los alumnos se enfrenten con las obras que han visto en la pantalla.

En otro mundo, a miles de kilómetros de allí, en EE.UU. y según la evaluación del Proyect Zero de la Universidad de Harvard, la aplicación del Programa de Pensamiento Visual estimula en los alumnos el desarrollo de la percepción, el pensamiento crítico, la reflexión y la elaboración de juicios fundamentados, además de crear una actitud democrática y de comunidad en el aula.

Y aunque se supone que en las escuelas de Nueva York, donde desde hace una década se utiliza este programa, los alumnos llegan con algunas de estas virtudes en su haber, otros las adquieren a través de la enseñanza del arte.


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