10 de julio 2020 - 00:00

Pierde el rumbo un drama de origen chileno

Jesús. Violento, algo desprolijo relato de un caso de discriminación.

Jesús. Violento, algo desprolijo relato de un caso de discriminación.

De los 85 minutos que dura este drama chileno, unos diez, que parecen más, están dedicados a ilustrar cómo un grupo de vagos adolescentes golpea a un muchachito homosexual hasta dejarlo agonizando. Antes hay otros cuantos largos minutos dedicados a mostrar cómo uno de esos vagos pasa su vida meramente dedicado a los vicios, los pasatiempos sexuales sin amor ni discriminación, y la contemplación de escenas violentas por la tele. La escuela, bien, gracias. Lo mismo, las recriminaciones del padre viudo. Un solo costado más o menos saludable tiene el sujeto de marras, y es su participación en un grupo amateur de K-pop. Así, hasta llegar a la parte del mayor salvajismo.

Después, la cosa empieza a cambiar. El chico se asusta de lo que ha hecho, o más bien de sus posibles consecuencias, y busca el auxilio del padre. ¿Debería éste protegerlo de la policía, entregarlo, o en una de esas tiene otra mejor opción? El último tercio de la película se vuelve interesante, y el final es fuerte, bien indicado para discusiones morales y sociales, pero, la verdad, no compensa suficientemente la visión del total, para colmo con predominio de la cámara en mano, la imagen sucia y oscura, y el montaje tan sin brújula como el personaje. Eso sí, los actores son buenos.

Para tener en cuenta: esto se inspira en un caso real, la tortura y asesinato del joven Daniel Zamudio a manos de cuatro asociales en el año 2012, hecho que motivó grandes movilizaciones, cuatro buenas condenas de cumplimiento efectivo, y dos películas. Esta es una. La otra es “Nunca vas a estar solo”, de Alex Anwandler, centrado en la lucha del padre de la víctima.

“Jesús” (Chile, 2016). Dir.: F. Guzzoni. Int.: N. Durán, A. Goic, S. Ayala, G. Salgado. (iTunes y Google Play).

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