25 de septiembre 2006 - 00:00

Pombo: lo ornamental puede ser profundo

Un ejemplo del arte festivo de Marcelo Pombo, artista surgido en los 90 y que vuelve tras una década con una notable exposición.
Un ejemplo del arte festivo de Marcelo Pombo, artista surgido en los 90 y que vuelve tras una década con una notable exposición.
Al cumplirse una década de su última muestra individual, Marcelo Pombo volvió a la galería Ruth Benzacar para presentar una nueva exposición. La ausencia se debe, más que nada, a que la producción minuciosa y preciosista de Pombo, a la técnica que es su marca registrada, el «gota sobre gota» de pintura, demanda mucho tiempo de realización, y a que se comercializa mayormente en la galería Christopher Grimes de Santa Mónica a buen precio. Pero ahora, finalmente, el artista, que vive y trabaja en Buenos Aires, ha reaparecido con «Ocho pinturas y un objeto» con su espíritu festivo, su afán ornamental, su barroquismo excesivo, y arrastrando todavía ese trasfondo melancólico que lo torna inconfundible.

Pombo es una figura ineludible del grupo que en la década del 90 surgió del Centro Cultural Rojas, con un arte lúdico y despreocupado, destacadamente autorreferencial y presuntamente ajeno al contexto sociopolítico. Desde los tiempos en que trabajaba como profesor de manualidades en una escuela para niños diferenciados de San Francisco Solano, Pombo se reveló como un creador de ilusiones, capaz de imaginar universos de maravilla y de forjarlos con materiales precarios.

Su «Navidad en San Francisco Solano» (unos envases de jabón y lavandina sobre los que cae dulcemente la nieve), la «Fiesta de despedida...» (obra que realiza cuando deja la escuelita), o los envases de jugo de frutas engalanados con cotillón,le dieron una inesperada vuelta de tuerca al arte Pop. La ternura estaba ausente en el arte, faltaba en las heladas cajas de Brillobox y las latas de sopa Campbell. Pero ese sentimiento aparecía en los objetos pobretones de Pombo, adoptando la forma de un chispazo de brillantina o de guirnaldas floridas, como un regalo inesperado que, de repente, aporta una dosis mínima de dulzura al rigor de la vida cotidiana.

Si Duchamp, con un gesto calculado, puso en un espacio artístico su desconcertante mingitorio para involucrar al espectador (aunque sea a través del rechazo), y demandarle su propia interpretación, Pombo, con sus objetos populares cargadosde oropeles, le pide algo más. Ese plus es el sentimiento que, como se sabe, abre también la puerta al conocimiento.

El arte ornamental no está divorciado del arte con contenido. En 1997, Gumier Maier, curador del Rojas y teórico del arte llamado «light», como respuesta al reclamo de interpelar la realidad y no eludir «los compromisos asignados al artista», señalaba que «gran parte del aparente entusiasmo por el arte no esté fundado en sentimientos genuinos».

Hoy, el tema de la muestra de Pombo es el arte. Y ante la perspectiva de los nuevos colores oscuros que se desplazan por la galería, o frente los títulos de algunas obras (« Bodshisalva joven y naúfrago», «Rancho flotante», « Manifestación flotante»), podría decirse que la perpetua búsqueda de la felicidad de Pombo se ve amenazada. Sin embargo, fiel a sí mismo, el artista aborda la muestra con flamantes resplandores.

En el fondo de la sala está «Inundación con árbol, nido y cuadro», una pintura nocturna que es toda una metáfora. Peligra el árbol en que anida el arte, pero el fulgor del nido es tan radiante y el esmalte sintético tan brillante, que alcanza para imbuir de cierta alegría la escena. En una obra hay un personaje tendido en estado de ensoñación en un paisaje anegado; en otra, sobre una nube fosforescente plagada de rayitas y gotitas de pintura, hay un grupo de artistas tocando instrumentos musicales.

El texto del catálogo de Daniel Molina se inicia con una cita de Shakespeare, « estamos hechos de la materia de los sueños», y culmina elogiando una obra. «Ese globo recargado de falsas joyas tan hermosas, ese globo que es la más pura invitación a despegarse del suelo, a fluir y flotar a la vez. A dejarse arrastrar por la vida». Pombo ha traído un magnífico obsequio para el espectador.

«Escombros flotantes» es un objeto que instaló en el medio de la sala, donde reúne todas las formas e imágenes que a lo largo de estos años han transitado por su obra para embellecer el mundo. Y allí está ese compendio ilustrado del artista, la magia del chorreado diminuto a lo Jackson Pollock, las gotitas, flores y guirnaldas, y las coloridas pinturas como pancartas, todo reunido, para disfrutar.

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