La galería Ruth Benzacar convocó a todos los artistas de su staff y a la curadora Lara Marmor para quebrar con “Reunión”, una exposición colectiva, el silencio impuesto por la pandemia. Los 30 artistas invitan a preguntar ¿quién es quién en el circuito del arte contemporáneo argentino? Y la muestra implica un viaje. La escultura surrealista de Aizenberg, un personaje de los primeros años 60, habla de la temprana vocación de la galería, fundada al promediar esa década, para encontrar y otorgarle visibilidad a lo nuevo. Marie Orensanz presenta “Dispertion”, uno de sus significativos dibujos sobre mármol de Carrara y, cerca de allí, está la tejedora de Liliana Porter, un personaje obligado a cumplir tareas titánicas que exceden sus fuerzas.
“Reunión”: de cómo la galería Benzacar quebró la pandemia
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El orden cronológico del recorrido, es uno de los tantos caminos posibles que puede servir de guía al espectador. Queda en evidencia así, que, a través de los años, la galería supo reunir gran parte del inagotable caudal de talento y creatividad que circula por el país. En el año 1974 Ruth Benzacar mudó su galería a un piso de la calle Talcahuano al 1200. Desde entonces, en sus distintas sedes, se convirtió en la visita obligada para quienes desean ver el arte que se produce en la Argentina y que rara vez exhibe algún museo.
Los artistas de los años 90 configuran un hito. Si bien no están todos, la primera exposición del grupo que surgió del Centro Cultural Rojas la realizó Benzacar. Y allí figuran, todavía, Sebastián Gordín y, Fabio Kacero con “Nieve outdoor”, una escenográfica batería cubierta por una nevada. Hay una pintura de Pablo Siquier, integrante del Grupo de la X, al igual que Ernesto Ballesteros y Ana Gallardo que muestra la intimidad de un manuscrito, que se divisa desde lejos. En blanco y negro exhibe los rasgos del art déco porteño, formas que se cruzan con las derivaciones de otros estilos de la modernidad. En la vertiente de los 90 figura el conceptualismo de Jorge Macchi. Y una tela trae el recuerdo de los trapos de piso que, como objetos humildes, presentó en 1991 en la Fundación Banco Patricios.
Ruth Benzacar dejó un legado a las nuevas generaciones, su hija Orly, y su nieta, Mora Bacal, heredaron su mirada y el criterio selectivo. Con el estratégico premio “Curriculum cero”, supieron descubrir artistas emergentes como Adrián Villar Rojas, Flavia Da Rin o Jazmín López. A ellos se suman las incorporaciones de Tomás Saraceno, Leandro Erlich y Eduardo Basualdo; además de los artistas con estilos personales e incomparables como Luciana Lamothe, Marina De Caro, Catalina León, Carlos Herrera, Carlos Huffmann, Daniel Joglar, Mariana Telleria, Max Gómez Canle, Chiachio & Giannone, Julio Grinblatt, Tomás Maglione, Florencia Rodríguez Giles, Miguel Rothschild y Guillermo Iuso, entre otros.
El recorrido por la galería revela la condición acaso más destacable: la diversidad estética de nuestro arte y cierta preferencia por el conceptualismo. Cada semana, en dos salas aledañas, los participantes de esta “Reunión” presentan breves muestras individuales. En la actualidad están los juegos con la invisibilidad de Ballesteros y la magia de Erlich, luego, continúan Saraceno y Liliana Porter.
A.M.Q.



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