Cuando ayer Knut Ahlud, miembro de la Academia Sueca, comentó que «este año el Premio Nobel de Literatura será para un autor muy conocido y popular», comenzó a reducirse la lista de candidatos al galardón, cuyo ganador se conocerá hoy. Hasta ese momento podía intuirse que se iba a seguir la ley no escrita de rotación geográfica y que luego del húngaro Imre Kertesz (premiado en 2002) no podía recaer en un europeo. Del mismo modo, luego de haber premiado a «innovadores de la literatura», como Kertesz en la «narrativa confesional», o a V.S. Naipaul (en 2001) en la «narrativa de viajes», se elegiría a un novelista. Tras la declaración de Ahlud, crecieron las apuestas por el peruano Mario Vargas Llosa, el sudafricano J.M. Coetzee, los norteamericanos Philip Roth, Don DeLillo o Thomas Pynchon, el portugués Lobo Antunes, el belga Hugo Claus, el indio Salman Rushdie, el albanés Ismale Kadaré y la canadiense Margaret Atwood, desde hace años nominados al Nobel.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El trascendido de que sería alguien «muy conocido y popular» comenzó a disminuir, para algunos, las posibilidades de uno de los candidatos más fuertes, el sirio Alí Ahmad, conocido como Adonis, una de las mayores voces de la poesía árabe. Quienes apostaban a Adonis, consideraban el aspecto político del premio (como el otorgado al exilido chino Gao Xingian, en 2000). Al premiar a Adonis se buscaría mostrar, tras la guerra de Irak, que la región no es sólo de violencia sino de gran tradición cultural. Mucho más rápido se relegaron al francés Yves Bonnefoy y al sueco Tomas Transtroemer.
El impulso para Mario Vargas Llosa se basa tanto en la calidad y atractivo de su recientes novelas, «La fiesta del Chivo» y «El paraíso en la otra esquina», como en que el último Nobel para Latinoamérica fue al poeta Octavio Paz, hace 13 años, y al novelista García Márquez, hace 21. Otros candidatos son el cubano Cabrera Infante, el chileno Nicanor Parra, el mexicano Carlos Fuentes y el argentino Ernesto Sábato. Una de las jugadas del Nobel de Literatura es la sorpresa, la consagración del insospechado, concediendo al pedido de Alfred Nobel de que «sirva para llamar la atención sobre literaturas y autores importantes poco tomados en cuenta». Esto hizo que circularan el estonio Jean Kross, la neocelandesa Janet Frame o el nigeriano Ben Okri. Termina el misterio. Hoy no sólo se sabe quien recibe 1.300.000 dólares, diploma y medalla de oro, sino también qué actitud primó, de las muchas que ha tenido la Academia Sueca (entre ellas, la de no haber premiado a Borges, Proust o Joyce).
Dejá tu comentario