Siempre cambiante y nada concesivo con el público, Caetano
Veloso trajo ahora una propuesta más cerca de la
experimentación, que necesita algún tiempo para ser debidamente
procesada.
Presentación de «Cê». Actuación de Caetano Veloso (voz, guitarras). Con Pedro Sa (guitarra eléctrica), Ricardo Días Gómes (bajo, piano) y Marcelo Callado (batería). (Teatro Gran Rex; 27 al 30 de agosto).
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Caetano Veloso tiene currículum y merecimientos de sobra como para dormirse en los laureles. Sin embargo, no hace más que sorprender con cada nuevo disco, con cada nueva presentación. Nacido hace 65 años en el pequeño pueblo de Santo Amaro da Purificaçao, cerca de Salvador, sigue siendo un espíritu joven, capaz de volver sobre sus experiencias, de retomar diferentes momentos de su historia musical, de ampliarla con nuevos elementos. A lo largo de su fecunda vida artística, Caetano fue artista pop, tropicalista, rockero, figura de la bossa nova, poeta, compositor magistral, cantante exquisito. Y todo eso está, de algún modo en su último disco, «Cê», y en los shows con que lo está presentando en Buenos Aires.
Como no es amante de las concesiones, Caetano también puede ser muy duro con el público, que tiene que acomodarse a sus momentos y que jamás se verá seducido por su demagogia. Tanto que, estos conciertos del Gran Rex -y más allá del nuevo formato sonoro de dos guitarras, bajo y batería- tienen muy poco del Veloso más exitoso y popular. Para empezar, el repertorio está sostenido fundamentalmente en sus nuevas canciones, la mayoría de las cuales presentan una dureza sonora -quizá, a excepción de la tierna y «melódica» «Nao me arrependo», que escribió pensando en su reciente ex esposa- que necesita algún tiempo para ser debidamente procesada. La formación rockera de su banda, o la distorsión de la guitarra de Pedro Sa, por otro lado, podría hacer pensar en una vuelta a sus tiempos más emparentados con el rock & roll. Pero lo cierto es que, más allá de cierto espíritu general en ese sentido, lo que suena está casi siempre más cerca de experimentaciones futuristas, de textos que caen como cataratas filosóficas, de melodías que se interrumpen; en definitiva, de un lenguaje que no ha sido concebido para las grandes masas.
Para alivio y placer de quienes querían encontrarse con algo conocido y más digerible, tuvo un pequeño momento acústico, acompañado solamente por su guitarra española, para «Cucurrucucú paloma» y el tango «Volver». Hubo, además, algunos temas más antiguos, aunque no necesariamente los más difundidos: «London London», de la época de su exilio en Inglaterra; «Sampa», «Fora da ordem», «Desde que o samba é samba». Pero, en todo caso, lo destacable de este artista al que es muy difícil encontrarle fisuras, está en esa actitud de búsqueda permanente, en esa inquietud por no estancarse, en esa llama que sólo los elegidos son capaces de sostener por tanto tiempo.
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