«Dos hermanos» («Wilbur Wants To Kill Himself», 2003, Dinamarca-G.Bretaña-Suecia-Francia, habl. en inglés). Dir.: L. Scherfig. Int.: J. Sives, A. Rawlins, S. Henderson, L. McKinlay y otros.
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Pese a las muchas diferencias que guardan entre sí, los destinos de estos dos hermanos no son muy distintos. El menor, Wilbur, como inequívocamente lo indica el título original, sólo quiere matarse, y a lo largo del film lo intentará de varias maneras; Harbour, el mayor, único sostén de la librería familiar tras la muerte de los padres, enamorado de la vida, podría reconocerse ulteriormente en un gesto similar al de su hermano.
En el medio hay una mujer, Alice, que en lugar de habitar el país de las maravillas lo hace en el de la sordidez de los hospitales públicos primero, y más tarde en el de los desgarramientos familiares. En la película, que transcurre en Glasgow, Escocia, alguien define el pasaje a la muerte no como un túnel luminoso sino como la oscuridad y el silencio absolutos. «Es lo más parecido a vivir en Gales» dice ese personaje.
Con todos estos elementos, y otros que no se develan para no estropear cierto desvío importante del argumento, la directora de «Italiano para principiantes», Lone Scherfig, asegura haber hecho una comedia, declaración que podría convertirse en el único rasgo de humor de todo el asunto. Sin embargo, en los intersticios de tanta desolación, se va filtrando sutilmente, si no humor, un espíritu nada grávido, hasta naif, en la descripción de algunos logrados personajes secundarios, y cuya complicación con los protagonistas resultamuy lejanamente risueña. Por ejemplo, las varias mujeres que no logran sustraerse al «magnetismo sexual» del suicida, incluida la médica que quiere lamerle la oreja, o el viejito que día tras día concurre a la librería para tratar de obtener, siempre en vano, alguna obra de Kipling para su nieta, y que invariablemente es maltratado por Wilbur. O, en definitiva, los planes familiares para que las tumbas en el cementerio de enfrente tengan una disposición tal que siempre miren hacia la librería. No es «humor negro» ni mucho menos: es un humor desesperado y angustioso, sin metáforas (como ordena un médico en la rueda de grupos de suicidas), liviano y triste. Tanto como esta película con difícil destino de salas llenas. M.Z.
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