3 de agosto 2007 - 00:00
Una multitud despidió ayer a Michel Serrault
-
Amor más allá de la muerte y sátira laboral en "Un fantasma a su servicio"
-
Disponible en HBO Max: la comedia incómoda y visionaria que marcó un antes y un después
Michel Serrault en una escena de «Los fantasmas del sombrerero», junto a Charles Aznavour,
quien con otros actores, políticos y más de mil franceses del común, asistió al funeral
del querido actor.
También participó en la ceremonia el religioso Alain de la Morandais, el sacerdote de los artistas, amigo íntimo de Serrault, y su familia.
Morandais pronunció el último saludo: «Te vas a encontrar con Dios y le harás reír, que mucho lo necesita».
Serrault había nacido el 24 de enero de 1928 en Brunoy, 22 kilómetros al sudeste de París, en el seno de una familia severamente católica, y eso le hizo pensar en hacerse cura, pero un sacerdote lo encaminó al mundo del teatro. El actor conservó hasta su muerte un profundo temperamento religioso.
Terminada la guerra se fue a París, donde el Conservatorio le cerró las puertas y donde fue extra en la Comédie Française y en varios teatros, además de dedicarse al cabaret.
Allí encontró en 1952 a su compinche Jean Poiret, con quien compartirá la carrera hasta la muerte de éste, en 1982.
Poiret escribió en 1973 «La jaula de las locas» y le ofreció el rol de Zaza Napoli. También lo acompañó innumerables veces en teatro y en una trilogía de películas de 1978 a 1985 con Ugo Tognazzi.
Serrault desplegó al máximo esa extraña personalidad de actor en el que se mezcla la locura y la ambigüedad y cuyo registro va del grotesco a la absoluta frialdad. Podía pasar de las payasadas de Zaza Napoli a la soledad del marido acusado de paidofilia en «Ciudadano bajo vigilancia» de Claude Miller, a la lúcida locura del asesino serial, de «Los fantasmas del sombrerero» de Claude Chabrol (donde compartió elenco con Charles Aznavour) y a la melancolía del magistrado jubilado de «El placer de estar contigo» de Claude Sautet. Su gran amor de todos modos fue siempre el teatro, visitado por él en contadas y memorables ocasiones, y por los clásicos en especial. Actuó en «El avaro» y en «El burgués gentilhombre» de Moliere, y en «Knock» de Armand Salacrou, esto último por el puro gusto de tratar de hacer olvidar la formidable interpretación de Louis Jouvet.
Para televisión retomó el rol de Harpagón del «Avaro» de Moliere en una versión dirigida por Christian de Challonge, que en enero de 2007 atrajo a más de dos millones y medio de telespectadores.
Gravemente enfermo, Serrault había continuado su actividad cinematográfica, pero en los últimos tres años se retiraba con cada vez mayor frecuencia a su casa a dos kilómetros de Honfleur. Eligió morir en ella, con su parque con vista al acantilado que da sobre el estuario del río Sena, abandonando el Hospital Americano de París, donde se hallaba internado tras haberse agravado el cáncer que padecía.



Dejá tu comentario