Primero homenajearon con una exposición a Federico Fellini en Rimini, donde nació el 20 de enero de 1920 (la pandemia impidió que se lo hiciera en el siglo exacto); simultáneamente se montaron exhibiciones en Milán, Roma y Trieste. Ahora a la Argentina llegó “El centenario de Fellini en el mundo”, exhibición que en estos días alberga el Museo Nacional de Arte Decorativo en el palacio Errázuriz Alvear. Italia manifiesta una vez más su interés por compartir su arte con nuestro país, que brindó amparo a las masas migratorias. Buenos Aires ocupa un lugar de honor en la gira de las exposiciones, y Fellini volverá a su propia casa, en Rimini, al flamante museo que le han dedicado.
Una visita a la intimidad de los sueños de Fellini
Dibujos, objetos, fotografías, vestuarios y documentos llegados de Rimini, su ciudad.
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La dolce vita. Mastroianni y Anita Eckberg en la Fontana di Trevi.
El embajador de Italia, Giuseppe Manzo, elogió la fértil imaginación de Fellini, virtud subrayada a través de un breve video. ¿Cómo se cuida la capacidad de imaginar? Fellini cuenta su método: mientras filma, no visita la sala de proyección. “Pero no es para crear la leyenda: ‘Fellini no mira lo que hace’, señala. “Advertí que en la sala de proyección te percatas de la película que estás haciendo, no de la que te imaginaste que ibas a hacer. Y poco a poco lo que querías hacer lo vas corrigiendo en función de lo que estás haciendo. Yo siento la necesidad de mantenerme ilusionado con la idea de que sigo haciendo la película que tenía en mi cabeza”, concluye.
Si bien algunos momentos de la biografía de Fellini contribuyen a la comprensión de su obra y de sus ideas, hay cuestiones que quedan en el misterio, como el gusto por la teatralidad excesiva del circo. Luego, los personajes caricaturizados provienen del temprano interés por los comics de EE.UU. La dedicación al dibujo desde la infancia, le permitió realizar caricaturas de actores para publicitar un cine de Rimini. En Florencia trabajó en una publicación satírica. En Roma se dedicó al periodismo, oficio del protagonista de “La dolce vita”, Marcello Mastroianni, alter ego de Fellini. Pero muy pronto, todos sus saberes confluyen en el universo del cine.
Durante un tratamiento psicoanalítico le recomendaron anotar sus sueños y así llenó varios cuadernos. Además, las lecturas de Jung imprimieron en determinadas escenas la mágica irrealidad del arte metafísico, esa cualidad fantástica y onírica de las plazas de De Chirico, la lejanía de las grandes figuras de Sironi y la magnitud de su arquitectura. La dimensión monumental de Anita Ekberg, una mujer literalmente inmensa, bella y voluptuosa en medio del imponente escenario barroco de la Fontana di Trevi, consolida la mítica escena de su ingreso en la fuente como la más célebre de la historia del cine. El cambio de escala y su atractivo visual la vuelven eterna. Hoy, el poder de encantamiento perdura gracias a los enigmas.
Fellini reitera en casi un centenar de dibujos, varios eróticos, la desmesurada de los glúteos y los pechos de las mujeres. Entretanto, cuenta que mientras dibuja sus personajes, parece ir intimando con ellos. Pero relata que hay un film que no logró realizar y tampoco dibujar. Sospecha entonces que tal vez no sea un film sino “alguna otra cosa y que no esté en condiciones de comprender”. La sinceridad al plantear sus propias dudas atraviesa toda la muestra y es un plus para el espectador sensible.
“Fellini y Casanova se han apropiado de esta sala”, anuncian el director del MNAD, Martin Marcos y el curador Hugo Pontoriero. “Sin dudas es la escenografía más apropiada en Buenos Aires para recibirlos y homenajearlos”, agregan. El estilo Regencia del salón reitera el contexto de la película. Allí están los formidables trajes, las máscaras venecianas, el vestuario de Dante Ferretti que ganó el Oscar, junto a los instrumentos de cuerdas y las gaitas, dulzainas, castañuelas, panderetas y partituras, entre espejos y reflejos, combinados para recibir a Casanova que confesaba ser víctima de sus sentidos. “Casanova, a modo de cronista de su época, frecuentó y documentó en sus escritos, la corte del rey Luis XV y Madame de Pompadour”, señalan Marcos y Pontoriero.
Entre los films, dibujos, vestidos, manuscritos, fotografías y el resto de la memorabilia, hay documentos que revelan el espíritu de la época: el abrumador desborde social por un lado y la resistencia conservadora a la modernidad por el otro. La Iglesia pide en una carta cancelar el estreno de “La dolce vita”. El film es un testimonio de los cambios producidos en una sociedad que en 1960 expresa otro modo de sentir el arte y usar el conocimiento, de percibir el cuerpo, la sexualidad y hasta el sentido de la vida. En 1963 el público celebra “Otto e mezzo” y Fellini gana su tercer Oscar.
Finalmente, los ganadores del reciente concurso “Video-minuto Fellini, FADU, UBA”, insertan al espectador en el clima felliniano cargado de humor y melancolía, gracia y poesía; densidad, ensueño y un amor infinito por la humanidad. El magnetismo de la música de Nino Rota acompaña los gestos en dramático blanco y negro. Allí desfilan los rostros de las actrices Giulietta Masina, Claudia Cardinale, Anouk Aimée, entre otras.




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