Hoy a las 18 comenzará la festividad más sagrada y solemne del calendario judío: el Iom Kippur, o Día de la Expiación. A esa hora se inicia el ayuno de casi 26 horas que observa gran número de judíos en todo el mundo, aun quienes no se consideran estrictamente religiosos. El sentido del ayuno no es el de una penitencia, sino de introspección, dado que en este día se deben autoexaminar todas las faltas y pecados cometidos durante el año que terminó ocho días antes.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El ayuno y el Iom Kippur finalizará mañana a las 19.30, cuando el sonido del shofar indique que «se han cerrado las puertas del cielo» hasta el año próximo. A esa hora habrán terminado, entonces, los Iamim Noraim («Días Terribles») que comenzaron en Rosh HaShana, durante los cuales Dios -según las Sagradas Escrituras-examina el Libro de la Vida y decide quién vivirá y quién no en el año que comienza. Según los sabios talmúdicos, hay tres actividades que pueden suavizar o al menos ayudar a atravesar de la mejor manera el veredicto divino: «tefilá, tzedaká, teshuvá». O sea: oración, caridad y arrepentimiento.
Los servicios religiosos se inician con el Kol Nidrei («Todos los Votos»), en el que se liberan los juramentos y las promesas no cumplidos. Algunas de las costumbres que se siguen desde hace siglos para esta fecha indican que, dada la prohibición de realizar cualquier tipo de ostentación, los hombres vistan de blanco; también deben abstenerse de usar calzado de cuero.
El ayuno incluye la prohibición de ingerir bebidas. Obviamente, se trata de un día en el que no se debe trabajar, y que debe ser dedicado exclusivamente a la meditación y a la oración. El momento más emotivo de la jornada es el del Izcor, en recuerdo de los muertos queridos, y del que no pueden participar quienes tengan vivos a la madre y al padre.
Seguramente los (cada vez más numerosos) católicos que son invitados a tomar parte de los oficios de Iom Kippur no podrán menos que sorprenderse de las similitudes de la liturgia judía con la propia: en un momento dado los feligreses cantan «Ante Ti he pecado» mientras se golpean el pecho. También se reza el «Avinu Malkeinu», literalmente «Padre Nuestro, Rey Nuestro».
Desde hace algunos años, los servicios religiosos culminan con la entonación del Ha-Tik vah, el himno nacional del Estado de Israel. Dado que ésta es la semana en la que Dios decide quién estará inscripto en el Libro de la Vida, los judíos se desean entre sí « Jatimá Tová», o sea, «Una buena inscripción» en dicho libro. Jatimá Tová, entonces, a todos nuestros lectores que profesan la fe judía.
Dejá tu comentario