"La faja de clausura deberían ponérsela a la Argentina", comentaba ayer en radio un oyente a propósito de la fiebre de inspecciones y cierres comandados por Juan José Alvarez. Sin embargo, a dos semanas de la penosa noche de Cromagnon, siguen sorprendiendo las incesantes evidencias de que la tragedia podía haberse evitado. El nuevo dato, alarmante y dramáticamente premonitorio, data de 1999. En esa ocasión, quien fuera defensor de la Ciudad había advertido: «Las únicas víctimas de la falta de control son los jóvenes. Existe una reglamentación muy completa en materia de seguridad en discotecas». Se refería a la Ordenanza 51.846, del 7 de agosto de 1997, que prevé, entre otras cosas, la instalación de máquinas detectoras de metales en los locales bailables.
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Esa preocupación surgía a propósito de un caso de tenencia de armas en el interior de un boliche que suscitó un accidente. En esa ocasión, varios locales comenzaron con la instalación de los dispositivos que, dicho sea de paso, están casi siempre desactivados para no «molestar» a los clientes con insistentes pedidos de que se quiten el reloj o el cinturón para pasar por el detector.
Llama la atención entonces que las «nuevas medidas de seguridad» que Aníbal Ibarra anunciaba a dos días de la tragedia estuvieran contempladas de hecho en una normativa. ¿Desconocía Ibarra que la ordenanza ya existía desde 1997 o habría querido anunciar que arbitrarían los medios para que alguien la cumpliera? Nada muy distinto de lo que ocurrió esta semana, donde se corroboró el incumplimiento de normas en locales gastronómicos, videojuegos, shopping, terminales de ómnibus, etc., precipitando clausuras temporales. La regulación existe, no así la vocación de control y cumplimiento.
• Vaticinio
Atilio Alimena, defensor adjunto de la Ciudad de Buenos Aires, había vaticinado en enero de 2004 que sólo 15% de los boliches estaba certificado por bomberos y que 85% restante debía ser clausurado. En diálogo con este diario, Alimena explicó: «Cuando le informamos en mayo de 2004 al Gobierno de la Ciudad sobre las irregularidades, dijeron que se pondrían a trabajar. Pero fue todo tan lento que se precipitó la tragedia. Esta semana nos reunimos con Juan José Alvarez para extenderle un listado de todo aquello que puede ser de afectación inmediata para los ciudadanos, por caso, transporte de sustancias alimenticias, residuos peligrosos, estaciones de servicio, shopping, hoteles, etc. No es cuestión de pedir papeles sino de verificar y de mantener las acciones en el tiempo».
La Ordenanza 50.250 estipula que para solicitar la habilitación de un local bailable debe obtenerse el certificado de prevención de incendio y evacuación, extendido por bomberos. Ese documento se renueva anualmente, caso contrario (por ejemplo Cromagnon) la ordenanza contempla la clausura. Por otra parte, durante los últimos años fueron legión las denuncias de vecinos contra discotecas, que en la mayoría de los casos alude a ruidos molestos o violencia. El conflicto se agrava durante noviembre y diciembre, cuando abundan fiestas de egresados que convocan entre 2.000 y 5.000 invitados.
• Advertencia
Por año se celebran 400 de estas fiestas y los alumnos pagan entre 3.500 y 5.000 pesos de alquiler a los dueños de los boliches. Todos los años, los vecinos reiteran el ritual de quejas y, en los mejores casos, logran alguna clausura tras insistentes llamados pidiendo inspección. Alimena advirtió: «Si no hay control con la carga de fuego menos lo habrá con la capacidad de los lugares. Con el primer cruzamiento de datos que habíamos obtenido bastó para sugerir urgente inspección y clausura. En la Ciudad son 200 locales nocturnos cuanto mucho, con cinco carillas alcanza para que alguien verifique y ordene una recorrida. Con que cuatro o cinco inspectores se den una vuelta semana de por medio hubiera bastado».
Pero no bastó Keyvis hace once años ni sus 18 muertos para que los locales se ordenaran, aunque muchos dueños de boliches recuerdan esa tragedia como un lamentable punto de inflexión en el que hubo fuerte revisión de las medidas, nuevos controles y varias clausuras. No fueron pocos los que a partir de Keyvis se interiorizaron en medidas de seguridad y refacciones acordes con las regulaciones. No obstante, luego de tantos años, decenas cerraron y otros tantos inauguraron. Y quedaron al margen de las reglas.
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