Aspecto que mostraba ayer el andén sur de la estación Haedo del ex ferrocarril Sarmiento, mientras el fuego arrasaba con el depósito de encomiendas de la parada ferroviaria.
Emblemático espacio de encuentro y de participación comunitaria a lo largo de la historia, la estación de Haedo ya no volverá a exhibir sus tradicionales techos de chapa ni sus crujientes pisos de pino tea, testigos silenciosos del paso de miles de viajeros desde su construcción en 1920.
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Tampoco invitarán nuevamente a la reflexión los poemas («Haedo tiene andenes con alas...») y los murales pintados por Carlos Terribili, que daban a la parada un rasgo identificatorio en la línea de estaciones entre Moreno y Plaza Miserere. Ayer el perfume de los añosos árboles que enmarcan todo el predio ferroviario se impregnó de humo y languideció de pronto el romántico símbolo. El mismo que alguna vez, dicen, inspiró al poeta de tango Celedonio Flores.
La versión actual (la primera se construyó en 1886 y aún existe) conservaba la fisonomía de la típica estación de estilo inglés. Tenía una sala de espera para «Señoras» y otra para «Señores» y un hall central coronado por un viejo reloj clavado en una misma hora: las seis en punto.
Afuera, en la galería bordada con zinguería de flor de lis, un banco y una campana permanecían como testigos de una eterna espera. «Más allá del valor material e incluso cultural de la construcción,este lugar es muy querido por los vecinos;por eso creo que lo que ha pasado es más triste aún», dijo en diálogo con este diario Graciela Sáez, directora del Instituto y Archivo Histórico Municipal de Morón.
«Hemosrealizado en varias oportunidades 'abrazos simbólicos' para defender este lugar de las reformas que la empresa TBA quería implementar en el lugar», añadió Sáez y explicó que el predio ferroviario se compone, además, de talleres, el Pasaje La Porteña, un hospital y un barrio de casas idénticas entre sí. Allí funcionan centros de jubilados, el Ferro Club, los gremios y se comparten manifestaciones culturales de la comunidad. Pero también, a pocos metros de la estación misma, perduran la imprenta y el galpón de encuadernación ferroviarios, donde actualmente tiene su sede el Instituto Histórico.
En la estación confluyen dos líneas que constituyen un nudo ferroviario, la que une La Plata con José Mármol y la que va de Once a Moreno.
El tren llegó a Morón en 1859 y fue a partir de su recorrido que fueron creciendo todas las estaciones del Oeste, y con ellas la vida de las localidades.
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