A 20 años de la muerte de Pablo Escobar, el mayor narco de Colombia
-
Trump pidió al Congreso un presupuesto militar récord de u$s1,5 billones para 2027
-
Avanza la Misión Artemis II de la NASA y preparan el Plan de Objetivos Lunares
Pablo Escobar.
Es que comprendió muy pronto que para crecer en lo político necesitaba generar una base de poder propia, por lo que fue a buscar seguidores entre los más pobres.
Como una especie de Robin Hood, salió a ocupar el rol del Estado ausente. Levantó un barrio de 780 viviendas que bautizó Medellín Sin Tugurios, pero se popularizó como "el barrio de Pablo Escobar". En unas laderas hizo instalar agua corriente, en otras edificó escuelas y también hizo construir cerca de 50 canchas de fútbol. Miles de beneficiados comenzaron a amarlo.
A quienes visitan hoy el barrio "Pablo Escobar" los recibe un gran mural con el lema "Aquí se respira paz" y una imagen del Niño Jesús de Atocha, al que "El Patrón" idolatraba. En ese lugar se sigue venerando al mafioso.
Mientras, su hacienda Nápoles, una finca de miles de hectáreas, acogía a "la crème de la crème" de la sociedad colombiana: políticos, empresarios y periodistas que participaban en safaris y tomaban fotos a animales salvajes traídos especialmente para Escobar desde África.
Pero su llegada al Congreso lo puso en la mira gracias a las investigaciones decisivas del diario El Espectador sobre sus actividades ilícitas y la acción del entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla.
En 1984, sicarios de Pablo Escobar asesinaron a Lara Bonilla y dos años más tarde al director de El Espectador, Guillermo Cano. En 1989 un atentado con 135 kilos de dinamita en el interior de un vehículo destrozó las instalaciones de ese diario.
El Cartel de Medellín emprendió una guerra contra el Estado cuando el Gobierno del presidente Belisario Betancur (1982-1986) decidió extraditar a Estados Unidos y para ello creó el grupo "Los Extraditables", que llevó la violencia hasta las últimas consecuencias.
Entre el historial terrorista de esos capos está el estallido de una bomba en un avión de Avianca, en pleno vuelo, que transportaba 107 pasajeros.
A esa guerra contra el Estado, que incluyó el asesinato del excandidato presidencial Luis Carlos Galán, en 1989, se sumó otra contra sus antiguos aliados en el negocio de las drogas, el Cartel de Cali, y estructuras paramilitares, que crearon el grupo "Perseguidos por Pablo Escobar", los Pepes, y no tuvieron piedad con los familiares del narcotraficante.
Fueron años de zozobra, terror y muerte, en un país donde ganar dinero fácil se convirtió en algo habitual.
En 1991, desde la clandestinidad, Escobar llegó a un acuerdo con el entonces presidente, César Gaviria, y aceptó ser internado en una cárcel construida especialmente para él, La Catedral, a cambio de que revocara el tratado de extradición con Estados Unidos. En su estancia en aquella lujosa cárcel, donde se forjaron crímenes, se dirigía el negocio de la droga y se celebraban suntuosas fiestas, apenas duró un año, ya que "El Patrón" escapó cuando entendió que se iban a tomar medidas por aquellos excesos.
En ese momento empezó la cuenta regresiva del capo, hostigado por el Bloque de Búsqueda, una unidad especial de la Policía. Vivió así, rodeado por sus más fieles sicarios, hasta el 2 de diciembre de 1993, cuando fue localizado y abatido.
Pablo Escobar dejó viuda a Victoria Eugenia Henao y huérfanos a sus hijos Juan Pablo y Manuela, quienes viven en la Argentina.
Pero sobre todo dejó un inmenso legado criminal que veinte años después sigue poniendo los pelos de punta a un país entero.
Agencias EFE, Télam, AFP y DPA




Dejá tu comentario