Venezuela: carestía y racionamiento afectan hasta a la clase media
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Los venezolanos no logran salir del círculo vicioso de escasez, suba de precios y racionamiento
de alimentos al que los condena la política económica de Hugo Chávez, y que ni
siquiera los mercados subsidiados por el Estado logran paliar.
Aunque en mayo el gobierno ajustó el salario mínimo en 30%, el costo de los alimentos básicos acumula ya 49,9% de inflación en el último año. Esto ha provocado que cada vez más habitantes de los barrios acomodados acudan a estos mercados gubernamentales, en especial cuando en los supermercados comunes falta leche, azúcar o huevos.
«Visito entre siete y ocho lugares distintos a la semana y también voy a Mercal», dice Alberto Ponte, un pensionado que ocupa su tiempo recorriendo varios mercados en busca de ofertas y de ciertos productos para su casa y las de sus cuatro hijos, situadas en la rica zona este de Caracas.
En el primer semestre del año, Venezuela ha importado más de 4.000 millones de dólares en alimentos, una cifra dos veces mayor que la del mismo período del año anterior,-según la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI).
«Mercal es Venezuela porque surte al pobre, al rico y al de clase media» asegura Johnny Galagarraga, conductor de un camión que carga pollos congelados de hasta siete kilos comprados en Brasil.
Las cantidades que se pueden adquirir por familia en los mercados gubernamentales están limitadas.
«No es racionamiento, sino una orientación para que alcance para todos», justifica José Mendoza, miembro del equipo de voluntarios « Solidarios como el Che», quienes ayudan a organizar la venta de alimentos.
Ello no impide, sin embargo, que algunas personas intenten hacer la fila dos veces o envíen a sus hijos por separado para hacer más de una compra.
En los mostradores de Mercal, las marcas de alimentos que aparecen en la publicidad de la televisión son sustituidas por paquetes con ilustraciones sobre los logros del gobierno del presidente Hugo Chávez.
«Estábamos acostumbrados a elegir marcas, pero ahora compramos lo que hay. Si no hay carne de vaca compramos pollo, lo que importa es tener algo para comer», dice Luz Blanco, una manicura de 34 años.
Del lado de la oferta, los vendedores se quejan de la competencia desleal que lleva a cabo el gobierno con estos mercados populares financiados por los gigantescos ingresos petroleros de Venezuela.
«No podemos competir», lamenta un vendedor de legumbres del mercado de Guaicaipuro de Caracas.
«¡Qué liberen los precios para que aumente la oferta!», pide el carnicero José Alto, considerando que el socialismo que predica Chávez «se lo va a comer la inflación».




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