Cristian Girard: "Me parece injusto que haya personas ricas que no paguen impuestos"

Nacional

Con foco en los desafíos 2021, el director ejecutivo del ente tributario bonaerense destaca los avances sellados en 2020 y las premisas de gestión para este año. Y se diferencia fuerte de la gestión de María Eugenia Vidal.

El director ejecutivo de la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (ARBA), Cristian Girard, afirmó que apuntará a mejorar la eficiencia de la recaudación en la Provincia y que, para que exista un Estado presente, debe haber una política que piense en financiarse con impuestos y no con deuda. Cargó contra la gestión de María Eugenia Vidal y elogió las políticas que lleva adelante el gobernador Axel Kicillof.

Periodista: ¿Qué balance hace del 2020 y cómo se comienza este 2021?

Cristian Girard: Junto al gobernador Axel Kicillof nos planteamos dos grandes objetivos cuando arrancamos la gestión, que guardaban una relación directa con el contexto: por un lado, la emergencia productiva y pyme y, por el otro, ganar progresividad en la estructura tributaria. En el primer caso, veníamos de una crisis con fuertes devaluaciones, un profundo tarifazo en la provincia de Buenos Aires -precisamente el lugar donde se aloja el 40% del PBI argentino- y a eso se sumaba la situación crítica de la industria. El gran desafío era cómo atender esa emergencia productiva y social que había dejado la gestión de (María Eugenia) Vidal. Entonces se decidió enviar un proyecto de ley decretando emergencia productiva de la Provincia, que buscaba frenar el deterioro en cuestiones tan sensibles como la producción, la salud, etc. Para nosotros en ARBA, además de ser parte, fue la señal política para orientar nuestras acciones a distintas herramientas que fueran en el mismo sentido, como la moratoria pyme. Pero además de eso, nos pusimos el objetivo de girar 180 grados la política tributaria.

P.: La gestión anterior realizó modificaciones en materia tributaria. ¿Sirvió?

C.G.: Veíamos que la gestión anterior había cometido la irresponsabilidad de exacerbar la crisis productiva pyme con una administración tributaria muy anti-empresa y anti-productiva. La exgobernadora Vidal venía de firmar el Consenso Fiscal 2017 y de comprometerse con bajar el techo de Ingresos Brutos, y eso implicaba caída de la recaudación de la Provincia en sectores de alta concentración económica como el agro y las grandes industrias. La búsqueda de Cambiemos era compensar eso con el aumento de impuestos patrimoniales. Pero cuando Vidal hace eso, termina implementando topes en esos revalúos. Por supuesto, al poner topes, se termina recostando sobre sectores de menor capacidad contributiva, ya que se trata de una política regresiva. En términos proporcionales, terminaba pagando más la clase media que los sectores de ingresos más elevados. Después estaba el supuesto control a la evasión en el pago de Ingresos Brutos. Ya sabemos que está el régimen de retenciones, las percepciones, las retenciones bancarias y tarjetas. Pero lo que hace la gobernadora es subir alícuotas de retención muy fuerte entre micro y pequeñas empresas, porque señalaba que había indicios de evasión. El resultado fue una gran acumulación de saldos a favor del Estado, que se tradujo concretamente en un aumento de la recaudación de manera ficticia, ya que, por ejemplo, ARBA se quedaba con adelantos de impuestos, saldos a favor que engrosaban el aumento de recaudación, pero que daban una foto final más injusta, porque el peso de la recaudación terminaba recayendo sobre sectores medios en términos de patrimonio y en las pymes si hablábamos de Ingresos Brutos. El desafío era terminar con esas injusticias. Muchas veces la estructura patrimonial, en cuanto a valuaciones, depende de la ley. En 2020 teníamos que ver la posibilidad de recomponer los impuestos, teníamos algunos valores que se habían registrado con un dólar a 18. Esos revalúos se hicieron para los que tienen propiedades de mayor valor, aunque para el resto pusimos un tope. También en el caso de los automotores. Por otro lado, si sos una microempresa, ahora la política de ARBA es mucho menos voraz y agresiva, porque en el caso de Ingresos Brutos tuvimos la decisión política de graduar para esos saldos que quedaban a favor de Arba, con una reducción de más del 30% y que seguimos devolviendo en favor del contribuyente. Entonces, si tuviese de que definir los dos objetivos, uno era ganar progresividad en la estructura tributaria, revertir revalúos regresivos con topes que había hecho Vidal, y poner orden y justicia en la retención de Ingresos Brutos que castigaba a las pymes. El gran balance es que logramos progresividad en los impuestos patrimoniales y en el cobro de Ingresos Brutos.

P.: El 2021 luce desafiante en varios aspectos. ¿Qué objetivos se han planteado?

C.G.: Hacia adelante quiero retomar el rol fiscalizador de Arba. Porque la progresividad no se agota en los impuestos que se pagan y la alícuota correspondiente, sino que lo fundamental es mirar quiénes pagan los impuestos y quiénes no lo hacen. Va a haber acuerdo unánime siempre en la definición que dice que todos deberían pagar los impuestos y que la evasión es mala. Entonces, el Estado tiene que trabajar para reducir la evasión.

P.: Los recursos para ese menester muchas veces parecen limitados…

C.G.: Sí, pero precisamente ahí hay otra diferencia fundamental entre el gobierno de Axel Kicillof y el de Vidal. La gestión anterior lo hacía castigando a los sectores de menores recursos, se ponía el foco en kioscos, garajes, comercios chicos, de cercanía. Nosotros decimos que el foco hay que ponerlo en los que más tienen. Me parece más injusto que entre los que no pagan impuestos haya muchas personas ricas. Tenemos prioridades. Los que más tienen, tienen recursos económicos, sociales, culturales, pueden planificar, especular con moratorias, que se ocupe el contador de todos los temas. Si alguien no paga impuestos por un yate, entonces parece que eso no es problema. Y no es así. Nosotros vamos a fortalecer rol fiscalizador de ARBA, usar otra estrategia, que los sectores de bajos recursos que se manejan en la informalidad, que tienen una cultura tributaria simple, que entiendan que tienen que pagar los impuestos, pero que no les sea costoso hacerlo, que cuenten con asistencia del Estado. No vamos a hacerlo de manera policial, es un trabajo de mediano plazo, un cambio cultural.

P.: ¿De qué manera se compatibilizan las políticas públicas con los objetivos tributarios?

C.G.: En la inteligencia fiscal, que es un objetivo que marcamos para este año. Vamos a poner el foco en la percepción de riesgo que se tiene entre sectores de mayor poder adquisitivo. No es lo mismo, en términos de justicia social, el que evade y es dueño de un yate, que alguien que debe pelear por la supervivencia en este contexto de pandemia y con bajos recursos. Nuestra gran virtud, nuestro valor diferencial, es que somos parte del equipo del gobernador Kicillof, y que en términos programáticos hay definiciones políticas importantes. Queremos llegar a todos pero con mirada social, tenemos que empezar por mejorar la vida de los que menos tienen. Para nosotros en Arba, eso se traduce en que vamos a empezar por los que más tienen. Si tenés una política de gasto social progresiva, entonces desde el gasto público tratás de que estén mejor, pero hay que ver si eso lo financiás con impuestos regresivos como se hizo en la gestión anterior, o si en cambio eso también implica que paguen más los que más tienen.

P.: Hay un sector de la sociedad que señala que la presión impositiva es altísima y que eso atenta contra la inversión.

C.G.: Viene del neoliberalismo, que siempre buscó retirar el estado de bienestar. La lógica es sencilla y nefasta, ya que se llega a la reducción de impuestos a los ricos mediante estratagemas dañinas. Por ejemplo, se busca desfinanciar al Estado, y entonces aparece la deuda, la carga financiera. Empieza a crecer el rubro intereses, no podés pagar, buscás la refinanciación, y para eso tu acreedor te pide que desmanteles el Estado. Aparece la crisis de deuda, aparece la crisis social, se precariza la fuerza de trabajo, hay desindustrialización, se demanda más gasto social, los planes sociales. El neoliberalismo te dice entonces que está bien, pagá los planes sociales, pero financialo con impuestos al consumo y a la seguridad social. Se termina financiando ese entramado de políticas orientadas a amortiguar el impacto de la crisis con impuestos que pagan los trabajadores… Si algo unía al expresidente Mauricio Macri con Donald Trump era esta visión con la que se hicieron reformas impositivas, siempre a favor de los ricos. Estamos en un momento crucial, ambos perdieron la elección por alguna razón. Hay que replantearse si el sueño neoliberal está vivo. La crisis del mundo, todas las promesas en las que se basó esta corriente, quedaron incumplidas, y el saldo social más desigual, la sociedad más polarizada, jóvenes que no tienen perspectiva de futuro. Estamos en un cambio de época, la cuestión tributaria es central, hay que definir cómo queremos pagar los impuestos, pero también cómo queremos cobrarlos. Cuáles son las políticas públicas. Si hay algo claro es que durante los años de neoliberalismo ha crecido el número de guaridas fiscales, personajes ricos que fugan capitales y una cultura que demoniza a cualquier gobierno que ose redistribuir el ingreso. Se construye un sentido de la legitimidad en no pagar impuestos. Y lo que realmente pasa es que vos, que tenés un ingreso elevado gracias a lo que la sociedad te da, no querés devolverle algo de ese beneficio. Trabajadores que aportan lo suyo en el proceso productivo, consumidores que compran lo que vos fabricás y vendés, todo eso es aporte social. El relato es que, como hay un Estado que malgasta recursos, vos no tenés que pagar los impuestos. Legitiman el pecado y profundizan la desigualdad, mientras se quejan de la desigualdad y de los intentos de Estado para paliar esas falencias.

P.: Si bien la vacuna está cerca, aún habrá que sopesar el impacto de la pandemia…

C.G.: El escenario es complejo. En el caso de Argentina todo eso se enmarca en la negociación con el FMI. El presupuesto de 2021 tiene una hoja de ruta, pero estamos en una crisis sanitaria y la dinámica no es la misma que otros años. Por ejemplo, el surgimiento del impuesto a las grandes fortunas muestra un sendero a nivel global. Lo están intentando hacer Francia, Gran Bretaña y otros países. Este año el flamante presidente (Joe) Biden también va a intervenir más en la economía para revertir el impacto del Covid. Vamos a tener un año donde los gobiernos van a impulsar la actividad con todos los resortes que tenga disponible el Estado. Va a ser un año de fuertes déficits fiscales en todo el mundo. De lo que no quedan dudas es que el Estado tiene que intervenir en la economía, financiar la expansión del gasto. Si queremos profundizar la democracia hay que financiarnos con impuestos a los que más tienen y no con deuda. No podemos permitir que triunfe la injusticia.

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