La industria de maquinaria agrícola atraviesa un momento heterogéneo. Mientras la facturación muestra números positivos, los fabricantes advierten que la utilización de la capacidad instalada ronda apenas el 60%, que los márgenes se achicaron y que algunas empresas comenzaron a postergar inversiones y desarrollo para mantener precios competitivos.
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Maquinaria agrícola: cae la rentabilidad, frenan inversiones y crece la presión de los tractores chinos
La capacidad instalada ronda el 60% y los costos de producción son hasta 40% más altos que en Brasil. La rentabilidad cayó cerca de 20% y los fabricantes advierten por el freno de inversiones y tecnología. El sector reclama financiamiento para recuperar actividad.
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En las fábricas, la utilización de la capacidad instalada se ubica en torno al 60%, aunque con fuertes diferencias entre los distintos segmentos.
En este contexto, el presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (CAFMA), Hernán Zubeldía, dialogó con Ámbito y trazó un balance de la evolución del sector. "Este año arrancó bien, mejor que 2025, que había sido un año malo, al igual que 2024. El primer semestre de 2025 había arrancado aproximadamente un 15% arriba del año anterior, pero en el segundo se perdió todo lo que se había incrementado, y probablemente un poco más, porque no hubo crédito. Por el contexto electoral se frenaron las inversiones".
En este año, nuevamente, "se arrancó bien, pero después de AgroActiva el mercado comenzó a enfriarse y en la Rural de Palermo estuvo bastante más frío", explicó Zubeldía.
Los números oficiales reflejan parte de estas diferencias. Según el último informe del INDEC sobre maquinaria agrícola, correspondiente al segundo trimestre de 2026, la facturación del sector alcanzó los $803.126,1 millones, un 8% más que en el mismo período de 2025. Sin embargo, la cantidad de unidades vendidas tuvo comportamientos muy diferentes: de acuerdo con el INDEC, durante el trimestre las ventas de tractores disminuyeron 23,3% interanual, mientras que las de cosechadoras cayeron 22,1%.
En las fábricas, Zubeldía aseguró que la utilización de la capacidad instalada se ubica en torno al 60%, aunque con fuertes diferencias entre los distintos segmentos.
“En promedio, debemos estar rondando el 60%, con sectores que han caído por debajo del 50%. Pulverizadoras cayó mucho, prácticamente a la mitad. Tractores, en la industria nacional, cayó un 90%. Sembradoras se está manteniendo; fertilización cayó mucho y las plantas de silos grandes y las destinadas a productores están creciendo. Cuando hablamos de maquinaria agrícola, es un abanico tan amplio que, cuando doy un promedio, no estoy detallando la realidad de ninguna de las partes”, explicó.
Mientras los equipos vinculados con la agricultura atraviesan mayores dificultades, otros segmentos comenzaron a mostrar una recuperación. “Lo que tiene más que ver con la ganadería creció un poco. Eso tiene que ver con la rentabilidad que está teniendo la actividad, que tampoco es extraordinaria. Muchas veces hablamos del campo como un sector que le está yendo muy bien, pero estamos hablando en términos de facturación, no de rentabilidad. La agricultura está con una rentabilidad prácticamente marginal”, sostuvo el titular de CAFMA.
La heterogeneidad que describe Zubeldía también aparece en los datos de facturación. Según el informe del INDEC, las sembradoras registraron durante el segundo trimestre un aumento de la facturación del 26,8% interanual y los implementos avanzaron 14,1%. Los tractores, en cambio, tuvieron una mejora de apenas 1,4%, mientras que las cosechadoras retrocedieron 5,6%.
También, de acuerdo con el organismo estadístico, las unidades vendidas de implementos aumentaron 9,6% y las de sembradoras crecieron 1,5% interanual.
Sin embargo, uno de los problemas centrales, explicó el referente del sector, es la diferencia entre el costo de producir una máquina en Argentina y hacerlo en países competidores como Brasil.
“Primero hay una cuestión impositiva. En promedio, en maquinaria agrícola tenés un 32% de impuestos sobre el precio neto. En Brasil estás alrededor del 15% y en México por debajo del 14%. Eso hace que producir para nosotros sea entre un 30% y un 40% más caro que producir en Brasil. Lo que sí ocurre es que en precio seguimos siendo competitivos. Entonces la pregunta es: si tenemos un costo mucho más grande y vendemos al mismo precio, ¿dónde está la diferencia? En la rentabilidad”, afirmó.
“Cada vez estamos trabajando con márgenes más bajos. Estamos ajustando costos y frenando inversiones y desarrollo por falta de rentabilidad. Nosotros tenemos que vender a un precio y producir a otro costo, y se van frenando inversiones. Eso hace que te dejes de tecnificar y, si se sostiene en el tiempo, después terminás pagando esa desinversión”, advirtió el presidente de CAFMA.
En cuanto a la magnitud del deterioro, Zubeldía estimó que existen diferencias entre los distintos fabricantes, pero que la pérdida de rentabilidad ronda el 20%. “La última medición había dado un promedio de 19,7%”, precisó.
El problema de los tractores chinos
Uno de los segmentos en los que Zubeldía observa mayores cambios es el de los tractores, donde la llegada de equipos provenientes de China comenzó, según el empresario, a modificar tanto el mercado de unidades nuevas como el valor de reventa de las usadas.
“Han entrado muchos tractores chinos y por eso también se produjo una caída importante en la venta de los equipos nacionales y del Mercosur. Pero hay algo que el productor quizás no vio cuando al principio empezó a festejarlo: hoy los tractores usados que tienen en stock valen mucho menos. Antes tenías un tractor de una buena marca, con 20 años, que estaba bueno y conservaba un muy buen valor de reventa. Hoy la entrada del chino hizo que ese tractor usado de primera marca valga mucho menos”, señaló.
Zubeldía ejemplificó el fenómeno con un tractor premium nuevo valuado en unos u$s200.000, cuyo equivalente usado podía cotizar alrededor de u$s100.000. Sin embargo, con la llegada de la maquinaria china nueva, de prestaciones similares, por unos u$s80.000, sostuvo que el valor del equipo usado puede caer hasta u$s70.000 o u$s50.000.
“Si vos tenías un tractor de una marca premium que nuevo vale u$s200.000 y creías que tu usado valía u$s100.000, hoy con u$s80.000 te comprás un equipo chino con la misma prestación. Entonces tu usado ya dejó de valer u$s100.000: empezó a valer u$s70.000 o u$s50.000. Ya no estás a u$s100.000 de comprarte el tractor nuevo, sino a u$s150.000”, explicó.
El impacto también alcanza a los concesionarios. “Los distribuidores están cada vez más cargados de maquinaria usada y no quieren hacer negocios de máquinas nuevas porque después no pueden vender el usado”, agregó.
Los últimos datos disponibles sobre patentamientos de la Asociación de Concesionarios de Automotores (ACARA) mostraron un fuerte rebote del mercado general de equipos autopropulsados. En julio se registraron 696 máquinas, un 45% más que las 480 de junio y un 16,6% más que en julio de 2025. La mejora mensual, sin embargo, todavía no se traduce en un crecimiento significativo en el acumulado del año. Según ACARA, entre enero y julio se patentaron 3.999 equipos, apenas 0,9% más que las 3.964 unidades registradas durante el mismo período de 2025.
En este marco, el freno a las inversiones cobra especial relevancia en una industria en la que una proporción cada vez mayor del valor de las máquinas proviene de la incorporación de tecnología.
“Cada vez se están usando máquinas más grandes y eficientes. Una sembradora de 12 metros de ancho tiene prácticamente el doble de cuerpo que una de seis o siete metros que había hace 15 años. Entonces, el que está arriba del tractor hoy puede sembrar muchas más hectáreas por hora. Cada vez tenemos máquinas más grandes y más tecnológicas”, explicó Zubeldía.
Incluso, aseguró, el equipamiento electrónico puede alcanzar un valor similar al de la propia máquina. “Hoy a una sembradora le podés poner en electrónica tanto como vale la máquina. A una sembradora de u$s200.000 le podés poner otros u$s200.000 en electrónica. Por eso, hoy en la industria nacional el fierro es una cosa más: estamos incorporando muchísima tecnología, con máquinas más eficientes, que gastan menos combustible y tienen cada vez más prestaciones”, sostuvo.
Las claves para 2027
De cara al próximo año, Zubeldía identifica al financiamiento como uno de los factores que definirán si el sector logra recuperar actividad e inversiones. La maquinaria agrícola tiene una fuerte estacionalidad: las fábricas necesitan que el crédito esté disponible en el momento en que el productor debe comprar el equipo para una determinada campaña.
“Espero que el año que viene podamos tener una mejor rentabilidad. La producción es muy buena en términos de volumen, pero tendríamos que tener mejores precios y líneas de financiamiento acordes con la rentabilidad del productor, que además puedan sostenerse durante todo el año. Si estás en época de sembrar granos finos y no tenés una línea para comprar la sembradora, cuando aparece el crédito y el productor ya sembró, llegaste tarde. Una línea de crédito que llega tarde, a veces es lo mismo que no tenerla”, señaló.
En definitiva, para una industria que comenzó 2026 con mejores perspectivas que los dos años anteriores, pero volvió a perder velocidad durante los últimos meses, el panorama es incierto. El interrogante es cuánto tiempo pueden sostener los fabricantes precios competitivos a costa de resignar rentabilidad e inversiones, mientras esperan una mejora que permita recuperar actividad en los distintos segmentos del sector.
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