CUENTOS DE LA PANDEMIA XXI: "El último vivo de los Rolling Stones"

Opiniones

Entre las rejas se adivina la cabeza del Cholo, el panadero. Llegando a la esquina le grito "hoy tocan los Stones". Me pregunta dónde, y le digo "en un evento medio sospechoso".

CUENTOS DE LA PANDEMIA es una sección de Ambito.com donde se publican cuentos breves, historias, relatos, crónicas o ensayos de ficción, vinculados a la pandemia del coronavirus Covid-19.

Sábado 18 de abril. Año 2020. Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. El cielo, aunque un poco más azul que siempre, está algo tapado por un conjunto de nubes pasajeras. Apenas asoma un rayo de sol que apuntaba directamente al bar Imperiales en Dorrego y 9 de Julio. En la puerta de la panadería de la cuadra siguiente, entre las rejas se adivina la cabeza del Cholo, el panadero, que luce un barbijo negro con el esqueleto de los Misfits. Me hace señas para que vaya a saludarlo, me acerco y le digo que iba al almacén de los pibes de la calle 3 de febrero, y codo de por medio entre las rejas, nos despedimos. Llegando a la esquina le gritohoy tocan los stones. Me pregunta dónde, de compromiso, porque no le gustan para nada, y le digo ‘en un evento medio sospechoso’. Eso sí le gustó. Siempre descree de todo.

Una semana completa sin pisar la calle. Nadie nos preparó para esto. Planeo salir a acopiarnos para la siguiente semana, y que no falte nada para la noche. Repentinamente, anunciaron un evento enmarcado en una idea de solidaridad que roza, o atraviesa, el asistencialismo, en donde figuran los Rolling Stones. Harto de los vivos en Instagram, un cuerpo domado por conciertos, solo piensa en cómo será la presentación. Con la ilusión propia del arte, desea que la emoción atraviese la pantalla. Y los Stones, la banda que más escuché en mi vida, llegan en un momento donde la desesperación, incertidumbre y profundo desconocimiento sobre el futuro, necesitan tomarse un descanso.

Qué casualidad, como cuando iba al secundario.

En la previa, soporto por el canal de youtube todas las pruebas con unos artistas horribles, sospechados de estar ahí por manejes de las discográficas. ¿Qué carajo hacían los Stones? ¿Por qué tocaban? Un tufillo a despedida invade el alma. ¿Y si esta era la última vez? Así, encerrados, cada uno desde su casa. Se filtra unas horas antes del comienzo una foto de los cuatro, y algunas personas especulan con el nombre de la canción que iban a tocar. Huyo de las redes sociales, no quiero saber nada. Charlo con un amigo por wasap y le digo ‘que difícil elección tocar una sola canción’ y me contesta no, para pasar el rato tienen cientos, para dejar un mensaje en esta instancia, solo algunas. Me sugestiono, obvio. Otra vez pienso para que se meten ahí…porque voy a mirar eso. Al poco rato vuelvo a las redes, y leo que arriesgan que será Gimme Shelter. Buena elección, pienso.

Investigo un poco más y doy con que el evento en sí iba a ser un formato de programa de televisión, conducido por tres hombres, en donde iban a simular un vivo. Los artistas aparecerían en sus casas, y entre estos, campañas de concientización para prevenir el esparcimiento del coronavirus. Minutos antes de las 21, cuando comenzaba la transmisión en argentina, tengo todo acomodado frente al televisor. El vino, el hielo, la soda, las aceitunas. Empiezo a sentir que no estoy encerrado. Y pienso que, como hace mucho, los stones me transportan a un lugar que no es en el que estoy en la vida real. El wasap arde. Arriesgan que los va a presentar Jimmy Fallon, y que van a estar alrededor de la 22. Todas imprecisiones. Apago el teléfono, no quiero saber nada. La transmisión me parece una cagada, con excepción de Elton John y Stevie Wonder.

Y de repente, la pantalla se pone negra, y dividida en cuatro se lee: Mick cam, Keith Cam, Ron Cam, Charlie Cam. En ese orden, Jagger es el primero que se ve. Tiene una guitarra acústica colgando y mientras dice unas palabras que no entiendo ya pienso que no puede ser Gimme Shelter la canción cuando hace sonar los primeros acordes y siento la segunda oración ‘A glass of wine in her hand’. Tomás se durmió, Laura me mira con cara de ‘no puedo creer como te ponés’, pero enamorada. Luca está en la pieza, ni pelota. Aparece Richards y para mí la está rompiendo –aun cuando veo que no está tocando ni una nota-. Ronnie es el siguiente y sale con una eléctrica, y luego Charlie toca una batería invisible.

No sé qué me pasa, pero de mi cuerpo se apodera otra cosa. Hasta me da miedo de lo que pueda pasar, porque me desconozco. Niveles de adrenalina insospechados. Si existiera un medidor, hubiese explotado. Esa cosa, que no sé qué es, me secuestró. El estómago está duro, el corazón palpita a un ritmo descolocado. Transpiro un poco y otro poco estoy congelado. Canto fuerte y también bajito. Creo entender lo que está pasando, pero no, porque no soy como todos los días. Algo me domina, me saca de eje, no me deja pensar, solo sentir y actuar como manda el … ¿corazón?

Termina la actuación y esa cosa que me invadió lo que duró la canción, se va.

Tengo la mente en blanco. Como un fantasma voy a mi habitación, agarro el disco Let it bleed y pongo ‘You can´t always get wath you want’ en su versión original. Termina, y la vuelvo a poner. Termina, y otra vez. Así, cinco veces (creo) o más (no me acuerdo exactamente). Y luego lloro. Primero despacio, aguantando la respiración, desesperado y solo, encerrado en la pieza. Creo que no puedo compartir con nadie lo que me pasa, que no me van a entender, y rompo en llanto, ruidoso. Respiro hondo y las lágrimas no paran. Luca sale de su cuarto y me pregunta porque lloro. Sin vergüenza, pero sintiéndome ridículo, creyendo que no me va a entender, le digo por qué y se ríe con una sonrisa incrédula pero cariñosa del cariño que se les tiene a los locos, y luego sigue en video llamada con amigos. Laura me pregunta lo mismo y le digo, perseguido, que entendí todo. Que esta vez sí es la última. Que seguro el mensaje era ese. Que se cagaron en el vivo, que no me importa si salió bien o mal, si tocaron correcto, si había un teclado fantasma y una batería invisible o Richards casi no participó.

Lo que me importa es la canción. Suena esa canción, y yo no soy yo.

Es mi alma atrapada por un ejército de emociones que dominan el universo de taquicardias y cualquier análisis que se pueda hacer, rebota en mi figura como si un campo de fuerza me protegiera del momento en donde la emoción para a ser triturada por la lógica. El poder de la irracionalidad. Inmediatamente deseo que nadie se pierda la oportunidad de experimentar enamorarse de algo.

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Cuentos de la Pandemia XXI:

Cuentos de la Pandemia XXI: "El último vivo de los Rolling Stones" (Ilustración de Manuel de Petris IG: @manuel_depetris)

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