12 de enero 2026 - 15:43

El acuerdo Unión Europea–Mercosur y la importancia de no quedar fuera de un mundo que se reordena

En conjunto, los dos bloques conforman un mercado de más de 720 millones de consumidores.

El acuerdo entre la UE y e Mercosur se firmará el sabado 17.

El acuerdo entre la UE y e Mercosur se firmará el sabado 17.

Durante años, el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur fue una negociación interminable: anuncios, idas y vueltas, vetos cruzados y una sensación persistente de que nunca iba a concretarse. El reciente destrabe político cambia ese escenario. Y no lo hace solo en términos comerciales, sino estratégicos.

El acuerdo avanza en un momento en el que el comercio internacional ya no se explica únicamente por ventajas comparativas o eficiencia económica. Hoy se define por geopolítica, seguridad económica, cadenas de suministro y alineamientos estratégicos. En ese contexto, que el acuerdo de la UE–Mercosur salga del bloqueo político en que se encontraba no es un dato técnico: es una señal relevante en un mundo que se está reordenando a gran velocidad.

Una escala que no se puede ignorar

Los números ayudan a entender por qué este acuerdo importa. En conjunto, la Unión Europea y el Mercosur conforman un mercado de más de 720 millones de consumidores. No se trata solo de población, sino de poder adquisitivo, diversidad productiva y complementariedad económica.

Además, ambos bloques explican cerca del 20% del comercio mundial. Para ponerlo en perspectiva: el acuerdo asiático RCEP concentra alrededor del 30% del comercio global; el USMCA, que integra a Estados Unidos, México y Canadá, se mueve entre el 16% y el 18%. El que suscribirán UE y Mercosur no es el más grande en términos absolutos, pero sí uno de los más relevantes por su carácter birregional y por el tipo de economías que articula.

Europa aporta demanda sofisticada, reglas y estándares. El Mercosur, oferta competitiva en alimentos, energía, recursos naturales y, potencialmente, en manufacturas y bioeconomía. Esa combinación explica tanto el interés como las resistencias.

Por qué avanza ahora, en un mundo más cerrado

El momento no es casual. El comercio global atraviesa una fase de fragmentación. Estados Unidos refuerza políticas industriales defensivas, Europa protege sectores sensibles y Asia consolida su integración intrarregional. En ese escenario, los acuerdos amplios y birregionales son cada vez menos frecuentes.

Por eso, el avance del UE–Mercosur tiene un valor adicional: muestra que, aun con tensiones internas, protestas sectoriales y costos políticos, sigue existiendo margen para construir reglas comunes y previsibilidad. No elimina los conflictos —especialmente en el agro europeo—, pero establece mecanismos para administrarlos sin cerrar mercados.

Argentina: oportunidad real, no automática

Para Argentina, el acuerdo no es una solución mágica ni una garantía de éxito. Es una oportunidad concreta, pero exigente. El acceso preferencial al mercado europeo abre posibilidades reales para la agroindustria, las economías regionales, los alimentos procesados, la bioeconomía y ciertas manufacturas industriales. También mejora el marco para inversiones y asociaciones estratégicas con empresas europeas.

Pero el acuerdo viene con condiciones implícitas: cumplir estándares sanitarios, ambientales y de trazabilidad, mejorar logística, ganar competitividad y sostener reglas claras. Sin eso, el beneficio potencial queda en el plano declarativo.

El verdadero riesgo: perder relevancia

El mayor riesgo para Argentina no es el acuerdo en sí, sino quedar al margen de los grandes espacios de integración. Mientras el mundo se organiza en bloques, quienes quedan afuera pierden acceso, peso relativo y capacidad de negociación. No es ideológico: es estructural.

El UE–Mercosur no define por sí solo el futuro económico argentino, pero sí condiciona desde dónde se discute ese futuro. Estar dentro no garantiza resultados. Estar fuera, en cambio, casi garantiza irrelevancia.

Una señal que va más allá del comercio

Este acuerdo no debería leerse solo en clave del impacto para las exportaciones. Es parte de una discusión más profunda: qué lugar quiere ocupar Argentina en el mundo que viene. Uno más integrado, competitivo y exigente, o uno resignado a administrar urgencias desde los márgenes.

El acuerdo UE–Mercosur no es un punto de llegada. Es, en todo caso, una señal clara de que el mundo sigue avanzando. La pregunta que queda abierta es si Argentina va a acompañar ese movimiento con estrategia y consistencia, o si volverá a quedarse mirando desde afuera.

Consultora. Especialista en comercio exterior

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