Spots de campaña: entre el cringe y la efectividad

Opiniones

La política tiene enormes dificultades para captar la atención de una ciudadanía constantemente tironeada por cientos de fuentes de comunicación diversas.

A días de producirse la elección primaria en nuestro país, el debate en torno a la calidad de las piezas de comunicación política ha tomado una relevancia inusitada no solo en redes sociales, sino incluso en medios informativos de toda índole.

En tal sentido, más allá del fenómeno superficial de cientos de mensajes viralizados que pendulan entre la sorpresa y la indignación por los temas o los enfoques elegidos por los referentes políticos, se permiten avizorar algunas cuestiones de fondo que señalan al mismo tiempo aspectos tanto permanentes como absolutamente novedosos.

En lo inmediato, el uso y abuso de recursos humorísticos o temáticas al borde del buen gusto, da cuenta de las enormes dificultades que la política tiene hoy para captar la atención de una ciudadanía constantemente tironeada por cientos de fuentes de comunicación diversas. Si la apatía cívica ha sido una constante creciente en el mundo en las últimas décadas, a esta se suma hoy un electorado lleno de recursos tecnológicos a disposición que lo han vuelto mucho más diestro para sortear los mensajes políticos y concentrarse en todo aquello otro que demanda su interés inmediato.

A lo anterior, es necesario agregar en nuestro país un electorado joven de creciente importancia no solo por una cuestión numérica (no menor) sino por ser al mismo tiempo una polea de transmisión sumamente activa en redes sociales, que puede generar un impacto mayúsculo en las estrategias de campaña. Los códigos, intereses y comportamientos de este estrato social, demandan una adaptación permanente que los candidatos no parecieran estar logrando de forma efectiva. Desde esta perspectiva, resulta extraño lo carente que se encuentran las distintas opciones electorales de candidatos por debajo de los 40 años, lo cual sería un primer paso obvio en ese acercamiento que todos intentan, pero pocos parecen conseguir.

En gran medida, ambos factores antedichos permiten explicar por qué los diversos candidatos han llevado al extremo sus imágenes personales, generando por momentos ese fenómeno que los propios jóvenes llaman cringe, vocablo extraído del inglés, pero resignificado dentro del mundo virtual para señalar una particular sensación de incomodidad.

Como todo consultor experimentado sabe, la comunicación política es solo un engranaje más de una extensa maquinaria que permite explicar los resultados electorales. En virtud de tal, poder predecir cuál será el efecto de esta aproximación comunicativa por momentos extrema en el conteo de votos final resultaría sumamente prematuro. Sin embargo, ya hoy podemos anunciar que las campañas políticas y sus correspondientes estrategias de comunicación, se encuentran bajo la presión creciente que deviene de la necesidad inmediata de profundos cambios que den cuenta de forma efectiva tanto de un nuevo electorado como de las tecnologías que son parte constitutiva de la vida de éste.

Quien acierte en la apuesta, puede llegar a ser ese fenómeno político disruptivo que marque un antes y un después en nuestra política local.

Docente de la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de UADE

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