8 de mayo 2001 - 00:00

Encerrados entre ética y eficacia

Desde el inicio de la administración De la Rúa, se evidenció una división dentro del Frepaso. Mientras Alvarez y Fernández Meijide se incorporaban al gobierno, legisladores de esta fuerza, como Alicia Castro, junto con diputados de la Unidad Socialista, asumían una posición crítica hacia el gobierno. Con la incorporación de Cavallo, esta división hizo crisis. El Frente para el Cambio que encabeza un grupo de diputados disidentes del Frepaso y el padre Farinello, como el bloque de ARI en el Congreso, de Elisa Carrió, y la Unidad Socialista, implican la división formal de esta fuerza. En la Alianza queda el sector pragmático del Frepaso, que ha sido el ala izquierda. Más que una alianza de centro-izquierda hoy está gobernando un acuerdo básico entre la Alianza y el PJ, del cual Cavallo es la bisagra política. En este contexto, lo que queda del Frepaso en la Alianza puede ser denominado el ala «progresista» del gobierno. La causa de la pérdida de la imagen del Frepaso no logró demostrar eficacia en materia de gobierno. A ello se sumó que no llegó a imponer una conducta más ética al gobierno del que formaba parte, más allá de la posición clara que asumió Alvarez por los episodios del Senado que originaron su renuncia. Hacia adelante, el sector del Frepaso que queda en el gobierno constituirá un partido progresista moderado, mientras que la rama disidente formará una nueva fuerza de izquierda, como sucedió con quienes se fueron del PJ a comienzos de la administración Menem, que constituyeron el Frente Grande, que después fue el Frepaso. Crisis irreversible La crisis de esta fuerza es irreversible. Como fuerza política no se reunificará, y la división se mantendrá en Diputados. El problema de Chacho Alvarez fue que hubo inconsecuencia entre el discurso que justificó su renuncia y la actitud posterior. Si hubiera roto para constituir una nueva alternativa política, ello podría haberle permitido mantener liderazgo. La cuestión es que quedó desdibujado entre una crítica justificada y compartida por la sociedad y su decisión de seguir integrando la Alianza y apoyando al gobierno. Es en este contexto que se produce la renuncia de Alvarez a la política. Hace un lustro, Bordón sorprendía a la política argentina, con su renuncia a la banca, que implicaba alejarse de la actividad política. Lo hacía después de que obtuviera 30 por ciento de los votos en la elección presidencial de 1995, en la cual había logrado quebrar el bipartidismo tradicional radical-justicialista, al relegar a la Unión Civica Radical al tercer lugar. La historia parece repetirse ahora con Chacho Alvarez. Algo más de un año después de que la fórmula presidencial de la Alianza derrotara al PJ que venía de ganar seis elecciones nacionales consecutivas, el vicepresidente, que triunfara en la presidencial de 1999, renuncia primero a la vicepresidencia y pocos meses después, a la política. Lo curioso es que Bordón y Alvarez compartieron la fórmula del Frepaso hace seis años y ambos desbarataron después los éxitos electorales que habían logrado. Los dos gestores del esfuerzo más importante y exitoso para renovar la política argentina de las últimas décadas terminaron en un fracaso político, subrayado por el gesto de impotencia que implicaron sus respectivas renuncias. Quizás la explicación de esta actitud esté más en el campo de la psicología que en el de la política. Es que las actitudes de Bordón y Alvarez parecen más motivadas por la frustración personal de no poder articular la política y el poder o, más concretamente, de su fracaso en no poder modificar la realidad. Cabe también la posibilidad de plantearse qué hubiera pasado con un gobierno del Frepaso si esta fuerza hubiera ganado las elecciones de 1995, dada la conducta política posterior de los dos integrantes de la fórmula. Las renuncias de Bordón y Alvarez muestran la necesidad de incorporar la psicología como una variable necesaria para integrar el análisis político. Es que el hombre es el sujeto de la política, y en la actividad humana, no todo funciona racional ni lógicamente.

Dejá tu comentario

Te puede interesar