Fuerte apoyo a Solá al asumir Arslanian
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Pompa y circunstancia en la jura de León Arslanian en el Ministerio de Seguridad de Buenos Aires; firma Felipe Solá; Gustavo Béliz se besa con el nuevo funcionario; todos a la vista de Graciela Giannetasio.
«Son circunstancias tan o más difíciles que las de entonces», dijo Arslanian al reconocer que hubo un «incremento de la violencia criminal». Lo prueba la estadística: en 1998 hubo 1.228 homicidios; y en 2003, la cifra se disparó a 1.801, con un pico en 2002 de 2.472 asesinatos.
En La Plata, el flamante ministro pudo mostrar un apoyo político inédito desde que Néstor Kirchner asumió como presidente. Es la tercera asunción en Seguridad -antes fueron Juan José Alvarez y Raúl Rivara-, pero es la primera vez que acompaña Gustavo Béliz.
Sumado a la charla que mantuvo con Kirchner horas antes de aceptar el ofrecimiento de Solá para asumir como ministro y a la visita que anteayer le hizo el titular de Defensa, José Pampuro, Arslanian logra así atar un respaldo del que carecieron sus antecesores.
Por eso, el ex jurista -al igual que Solá- desgajó un agradecimiento puntual para el patagónico. No mencionó, en cambio, a Duhalde.
También ficharon en La Plata, el secretario de Seguridad Norberto Quantín; el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño, el jefe del bloque de PJ de ese cuerpo, José María Díaz Bancalari, y los presidentes de las cámaras provinciales, Antonio Arcuri y Osvaldo Mércuri. Pero no estuvo el ministro del Interior, Aníbal Fernández: dice que no lo invitaron.
De campamentos ajenos al PJ, Arslanian cosechó dos acompañamientos que agradeció: el del ex ministro de Justicia de Fernando de la Rúa, Ricardo Gil Laavedra, que estuvo presente en su jura, y el del ex presidente Raúl Alfonsín, que lo felicitó por correo.
Como en su turno anterior, Arslanian enfocó a la «corrupción policial» como el problema «más grave». Dijo que es una herencia de la «dictadura militar» -tiempo en que estuvo bajo el mando de Ramón Camps-, agudizada por la falta de controles y la «connivencia política».
• Interacción
Citó la «intervención de policías» en delitos, la existencia de «zonas liberadas» y la cobertura que, desde la fuerza, se da «a la actuación de malhechores», producto de la « interacción» entre policías y los presos alojados en las comisarías, que genera una « descomposición» en la fuerza.
Actualmente, hay 4.730 detenidos en dependencias policiales de toda la provincia. Trasladar a esos convictos a cárceles o alcaidías -problema recurrente y siempre irresuelto en la provincia-forma parte de las medidas para combatir la «corrupción policial».
Los predios ofrecidos por Defensa para alojar a detenidos, junto a las obras que se llevan a cabo con fondos provinciales, podrían aliviar la superpoblación de presos que enfrentan las comisarías bonaerenses.
Se reeditará, de todos modos, una práctica común en el decálogo Arslanian: las purgas. Sin especificar fecha ni alcances, el ministro anunció que aplicará una «cuidadosa depuración que permita discriminar entre los excelentes policías y los malos policías».
Esa tarea recaerá sobre la Oficina de Asuntos Internos, a lo que se acoplará un «control externo» y el aporte de los foros de seguridad, como «control social». Por ese medio, «los malos policías serán investigados y depurados y los buenos, premiados», dijo Arslanian.
El reconocimiento a los «buenos policías» operará mediante un nuevo régimen para la fuerza, basado en un escalafón único, donde los «salarios» y los «ascensos» se activen como reconocimiento de la formación y desempeño de los uniformados, sin medir antigüedad.
El incremento selectivo de sueldos (ver vinculada), sobre el que este diario informó el lunes pasado, deberá atravesar antes una instancia difícil: la Legislatura, donde será sometida a tratamiento la ley de escalafón único que promueve el flamante ministro bonaerense.



