Pedido de voto directo hizo que detonara Parque Norte
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Pero, como un rato antes había escuchado furioso una metralla por radio en contra suya de Alberto Fernández, De la Sota decidió quejarse por esas críticas y, luego, para incomodar a unos y ganarse el aplauso de otros, reivindicó José Ignacio Rucci, el jefe gremial asesinado por Montoneros.
Con el estallido de los gremios, que suelen adorar a Rucci, quedó sembrada una bomba de tiempo que recién, casi dos horas después, manotearía para activarla el santacruceño Sergio Acevedo.
En medio, ocurrieron dos hechos que, por el ruido del duelo Cristina-Chiche, pasaron casi inadvertidos:
• Eduardo Duhalde fue designado, por unanimidad, como coordinador de la Escuela de Formación Política, junto con el santafesino Jorge Obeid, cargo que en la práctica se convertiría en una presidencia paralela a la del jujeño Eduardo Fellner.
• A pesar del acuerdo previo entre los gobernadores y los jefes provinciales del PJ, los congresales -con amplia mayoría de bonaerenses y duhaldistasrechazaron la propuesta de amnistiar a los peronistas que en elecciones compitieron por fuera del partido.
Fueron dos golpes a Kirchner. Fellner, cuestionado por sus pares, fue el delegado que pidió el patagónico para controlar el PJ. La amnistía era una forma de «reincorporar» disidentes al partido para, en algún momento, pelear desde adentro el control del peronismo.
• Retruque
Quizá por eso, Acevedo le arrebató el micrófono al jujeño -que a esa altura ya había sido electo presidente al tiempo que se nombró a la mesa de conducción-para retrucar la mención de De la Sota a Rucci. «No podemos ser hipócritas...», arrancó
Acevedo, pero, al tercer alarido, ya no lo dejaron hablar más.
«Afiliate al Frepaso», provocó un bonaerense llegado del Sur, queja mansa comparada con la catarata de reproches que le obsequiaron los mil peronistas amontonados en el predio.
«Entonces, renuncio», pataleó el santracruceño y empujó a la senadora Cristina a intervenir, primero para torear a De la Sota, luego con una condena masiva por los abucheos a Acevedo y, al final, para apuntar a la frente de Chiche Duhalde, cuestionando la «portación de marido».
• Orgullo
La diputada respondió, extrañamente, con mesura: se dijo orgullosa de portar el apellido Duhalde y luego recordó su militancia. La cordobesa Riutort de De la Sota fue más puntual en ese rubro: recordó con detalles a la primera dama, su currículum político.
Los aplausos premiando a Chiche, y a la cordobesa, terminaron de incomodar a la senadora. Sobre el final, Fellner no tuvo nada más que hacer. Y lo que hizo lo hizo mal: «Esto (las peleas) demuestran que estamos vivos», remixó a Juan Perón, vicio de citar que luego lo traicionó: «No voy a defraudarlos». Lo despidió una lluvia, impiadosa, de sonrisas.
Menos grata todavía fue la retirada de De la Sota: a unas cuadras de Parque Norte, un auto embistió desde atrás el vehículo en el que viajaba. Paró para cambiar datos de aseguradora, pero el otro conductor huyó. «Una casualidad», contó después De la Sota.



