29 de marzo 2004 - 00:00

Pedido de voto directo hizo que detonara Parque Norte

Pedido de voto directo hizo que detonara Parque Norte
"Vamos a apoyar la moción de voto directo, pero quiero que quede escrito y bien claro que será por única vez; porque en el Congreso de Lanús, hace un año y medio, también dijeron que la elección sería por única vez a dedo y ahora se vuelve a hacer igual". La frase -en cierto modo, ingenua-de la cordobesa y menemista Marta Alarcia detonó la primera chispa que luego, por efecto dominó, diluyó la calma aparente, juramentada antes por todos, y terminó por convertir el Congreso peronista del viernes pasado en Parque Norte en un ring.

Casi una maldición feminista: la semilla de la polémica la sembró una mujer, todavía fiel a Carlos Menem, y la coronaron, dos horas y media después, otras tres damas: Cristina Fernández de Kirchner, Chiche Duhalde y Olga Riutort, en un debate que peligrosamente Aníbal Fernández definió como de «alta peluquería».

Alarcia, que no responde a José Manuel de la Sota, se refería a la modificación del artículo 24 de la Carta Orgánica del PJ que pidió José María Díaz Bancalari ( también, haciendo gala de su neokirchnerismo, halagó al patagónico) para que el Congreso, a mano alzada, pueda elegir su conducción, procedimiento que por ley debería ser vía elecciones.

• Turbación

El topetazo de la cordobesa turbó a De la Sota y lo forzó a pedir la palabra y aclarar que los congresales de su provincia avalaban la reforma del artículo.

Lo hizo, explicó después, con un sólo objetivo: evitar que le imputen haber mandado a Alarcia a «ensuciar» la cumbre, sospecha que a esa altura ya sobrevolaba Parque Norte.

Pero, como un rato antes había escuchado furioso una metralla por radio en contra suya de
Alberto Fernández, De la Sota decidió quejarse por esas críticas y, luego, para incomodar a unos y ganarse el aplauso de otros, reivindicó José Ignacio Rucci, el jefe gremial asesinado por Montoneros.

Con el estallido de los gremios, que suelen adorar a Rucci, quedó sembrada una bomba de tiempo que recién, casi dos horas después, manotearía para activarla el santacruceño
Sergio Acevedo.

En medio, ocurrieron dos hechos que, por el ruido del duelo Cristina-Chiche, pasaron casi inadvertidos:

• Eduardo Duhalde fue designado, por unanimidad, como coordinador de la Escuela de Formación Política, junto con el santafesino Jorge Obeid, cargo que en la práctica se convertiría en una presidencia paralela a la del jujeño Eduardo Fellner.

• A pesar del acuerdo previo entre los gobernadores y los jefes provinciales del PJ, los congresales -con amplia mayoría de bonaerenses y duhaldistasrechazaron la propuesta de
amnistiar a los peronistas que en elecciones compitieron por fuera del partido.

Fueron dos golpes a Kirchner. Fellner, cuestionado por sus pares, fue el delegado que pidió el patagónico para controlar el PJ. La amnistía era una forma de «reincorporar» disidentes al partido para, en algún momento, pelear desde adentro el control del peronismo.

• Retruque

Quizá por eso, Acevedo le arrebató el micrófono al jujeño -que a esa altura ya había sido electo presidente al tiempo que se nombró a la mesa de conducción-para retrucar la mención de De la Sota a Rucci. «No podemos ser hipócritas...», arrancó

Acevedo, pero, al tercer alarido, ya no lo dejaron hablar más.

«Afiliate al Frepaso»,
provocó un bonaerense llegado del Sur, queja mansa comparada con la catarata de reproches que le obsequiaron los mil peronistas amontonados en el predio.

«Entonces, renuncio»,
pataleó el santracruceño y empujó a la senadora Cristina a intervenir, primero para torear a De la Sota, luego con una condena masiva por los abucheos a Acevedo y, al final, para apuntar a la frente de Chiche Duhalde, cuestionando la «portación de marido».

• Orgullo

La diputada respondió, extrañamente, con mesura: se dijo orgullosa de portar el apellido Duhalde y luego recordó su militancia. La cordobesa Riutort de De la Sota fue más puntual en ese rubro: recordó con detalles a la primera dama, su currículum político.

Los aplausos premiando a Chiche, y a la cordobesa, terminaron de incomodar a la senadora. Sobre el final, Fellner no tuvo nada más que hacer. Y lo que hizo lo hizo mal:
«Esto (las peleas) demuestran que estamos vivos», remixó a Juan Perón, vicio de citar que luego lo traicionó: «No voy a defraudarlos». Lo despidió una lluvia, impiadosa, de sonrisas.

Menos grata todavía fue la retirada de De la Sota: a unas cuadras de Parque Norte, un auto embistió desde atrás el vehículo en el que viajaba. Paró para cambiar datos de aseguradora, pero el otro conductor huyó.
«Una casualidad», contó después De la Sota.

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