8 de abril 2004 - 00:00

Argentina respondió a dura queja de Chile

Cada vez es más dura la polémica entre la Argentina y Chile por las restricciones que impuso Néstor Kirchner para las exportaciones de gas. Ayer, la Cancillería argentina envió una carta de respuesta a Chile donde deslinda responsabilidades por la decisión, y señala la falta de inversión de las empresas privadas. Lagos contestó con dureza y dijo que las restricciones son un problema de Kirchner, «no nuestro». Ayer se firmó, además, el acuerdo con Venezuela para importar fueloil. El gobierno garantiza que estarán abastecidas este año las centrales térmicas.

C ontinuó ayer el conflicto generado entre la Argentina y Chile por la decisión del gobierno de Néstor Kirchner de restringir las exportaciones de gas a ese país. El Ministerio de Relaciones Exteriores que maneja Rafael Bielsa contestó ayer la carta que el martes había enviado su colega chilena, Soledad Alvear, asegurando que la Argentina no está violando acuerdos internacionales. Pero, además, se sumó a la polémica pública el propio presidente Ricardo Lagos, quien defendió la carta que recibió la embajada argentina en Santiago el martes, asegurando que el problema de las restricciones del gas es de Néstor Kirchner, «no nuestro», y que la Argentina debe normalizar sus exportaciones de combustible de manera inmediata. Esta frase, dicha por un jefe de Estado chileno, cultor de la diplomacia y que durante mucho tiempo se declaró como amigo personal de su par argentino, es mucho más que una simple declaración pública.

Mientras tanto, también oficialmente, Chile hizo una estimación económica sobre las pérdidas que genera la decisión argentina. Según el Ministerio de Economía del país vecino que maneja Jorge Rodríguez, las restricciones argentinas costarían 250.000 dólares diarios en pérdida de actividad económica chilena.

• Prolijidad

Ayer fue un día atareado para Rafael Bielsay su vicecanciller Jorge Taiana. Por la mañana, los dos funcionarios se encerraron en el despacho del ministro en el nuevo edificio del Ministerio frente a la Plaza San Martín, para redactar con prolijidad diplomática (con varios tratados sobre Derecho Internacional en el escritorio) la contestación que se le enviaría luego a Chile. Según el texto oficial final, la restricción de los envíos energéticos «no contradice los compromisos bilaterales vigentes» entre ambos países. Aconseja luego a Ricardo Lagos que actúe contra «los agentesprivados que se desempeñan en su jurisdicción» si evalúa que hubo violación de contratos, pero aclara que el Ejecutivo actuó «en cumplimiento de las normas vigentes». Finalmente, dice que «si un productor no ha actuado conforme lo dispuesto por la legislación, deberá responder ante sus clientes en Chile por el potencial daño que le estuviera ocasionando». En definitiva, refiere el conflicto al sector privado argentino por no garantizar el envío de gas hacia Chile y eventualmente restringe a esos sectores las responsabilidades legales.

La carta fue enviada al mediodía a la embajada chilena en Buenos Aires de la calle Tagle en Barrio Parque, y fue recibida en manos de Taiana por el responsable de la casa, Gabriel Valdés. Previamente, la letra había sido analizada personalmente por Néstor Kirchner en la Casa de Gobierno, gestión que también hizo Taiana.

Luego habló el funcionario y declaró que «el acuerdo de integración energética tiene una significación política y técnica de mayor relevancia, y es nuestro interés que sus efectos trasciendan en el tiempo», y justificó la suspensión del envío de 2,3 millones de metros cúbicos de gas en «la profunda crisis de la que mi país está emergiendo».

Ayer, dentro de la cancillería, se evaluaba también el tenor del conflicto entre los funcionarios que más conocen el manejo del poder en el país vecino. Más allá de las cuestiones estrictamente económicas, en el centro del problema aparecen otros análisis. Surgieron dos conclusiones básicas. La primera habla de las causas del malhumor de
Ricardo Lagos, un hombre generalmente calmo que siempre se sintió cercano ideológicamente a Néstor Kirchner, quizá por su origen socialista. El jefe de Estado chileno se habría considerado molesto porque el argentino no le adelantó en ningún momento el problema energético, que en definitiva lo habría tomado por sorpresa. Se mencionaba, incluso, que el chileno hablaba del último encuentro del 13 de marzo en el Cristo Redentor, donde Kirchner no habría mencionado el tema.

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