10 de marzo 2004 - 00:00

Kirchner lógico: cedió y pagó

Ayer Kirchner decidió lo más lógico para el país: el pago del vencimiento de los u$s 3.100 millones al Fondo Monetario. ¿Cedió prestigio el Presidente tras hacer tantos anuncios de que no lo haría sin tener certezas sobre su devolución? Es probable que sí, pero desde mediados de febrero se sabía que no habría default. Este diario tituló así su tapa del 13 de febrero, en base a información de fuentes internas y externas. Kirchner tuvo también, con sus amenazas de no pagar, un logro positivo: dar un mensaje a los acreedores privados de que se podrán variar ofertas, pero que el gobierno no es débil ni presionable, al menos con facilidad. Esto es bueno para el país. El Presidente así no corta inversiones del exterior, tampoco agrava la imagen internacional de la Argentina y, en parte, salva el frente interno, sobre todo, con aliados de izquierda. No conformará a los ultras, como el piqueduro Raúl Castells, pero sí a setentistas, hoy moderados por frecuentar la Casa Rosada. Son los que Kirchner seduce con lo que no afecta al exterior ni la economía, como destinar el edificio de la ESMA para un museo, limitar -sin sustento serio-la maldad y sangre de la década del '70 a fuerzas represivas y no a la subversión. Como siempre cuando aparece lógica en los gobiernos, los mercados reaccionaron. Ayer operaron en alza, aunque sin euforias: la Bolsa subió casi 6% y el dólar terminó en $ 2,94.

Kirchner lógico: cedió y pagó
Néstor Kirchner y Anne Krueger definieron ayer en una conversación de 20 minutos los puntos del nuevo acuerdo entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Entre los aspectos convenidos, el gobierno se reservará el derecho de rescindir el contrato de cualquiera de las tres entidades que integrarán el sindicato de bancos (Merrill Lynch, UBS-Warburg y Barclays) y que negociarán con los acreedores de la deuda externa, si no se siente representado. Además, no figurará ningún porcentaje exacto sobre la cantidad de deudores que deberían aceptar la propuesta argentina sobre la deuda para que ésta sea avalada.

Sólo se mencionará que debe existir un porcentaje «razonable», sin que se especifique si éste estará cerca del 50% que proponía la Argentina o del 80% que pretendía el FMI. No habrá, además, la imposición de una fecha concreta para acordar con los bonistas, y el Comité Global de Acreedores será sólo un representante más sin privilegios especiales.

Finalmente, en ningún momento se mencionará la palabra «contrapropuesta» o «contraoferta» por parte de los acreedores. Es una formalidad, pero para el gobierno argentino significa que la quita de 75% de la deuda queda firme y que no se abren espacios para negociar sobre este punto.

Bajo estas condiciones acordadas verbalmente durante la conversación que el Presidente mantuvo con la directora del FMI, la Argentina liberó ayer el pago de los 3.150 millones de dólares, algunos minutos después de la hora de vencimiento (con lo cual hubo formalmente un breve lapso de default). Por su parte, Krueger, siempre verbalmente, le garantizó a Kirchner que recomendará al «board» del FMI que se aprueben las metas presentadas por la Argentina del período noviembre-diciembre de 2003, con lo cual el 23 de marzo el organismo liberaría los 3.100 millones de dólares que volverían a las reservas argentinas.

La conversación entre el jefe de Estado y la funcionaria que transitoriamente es la número uno del Fondo comenzó a las 12.50 y culminó minutos antes de las 13.30. Luego Kirchner llamó al secretario de Hacienda, Carlos Mosse, que firmó la orden para que el Banco Central pague el dinero. Hubo sólo dos testigos del diálogo entre Kirchner y Krueger: el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro de Economía, Roberto Lavagna.

Ninguno de los dos tuvo participación y sólo se limitaron a escuchar la conversación prime-ro y las reflexiones del Presidente después. A ambos les quedó en claro que el jefe de Estado quiere que se lo considere el negociador principal hacia el futuro con el FMI.

El día había comenzado temprano en la Casa de Gobierno. Néstor Kirchner llegó a las 8 y dio una orden directa a sus colaboradores:
«¡Que parezca un día normal!, ¡Qué nadie altere su ritmo!». Vertical-mente, el pedido presidencial se distribuyó por todo el edificio. Para ratificar el concepto, Kirchner mantuvo su cronograma de entrevistas, incluyendo reuniones lejanas al tema del día, como encuentros con dirigentes rurales; trató cuestiones vinculadas al futuro de la ESMA, y habló con el ministro de Educación, Daniel Filmus, sobre el primer día de clase.

A las 12.48 llegó al despacho presidencial la llamada esperada desde Washington.
A las 12.50 comenzaron los saludos de rigor y empezó el diálogo oficial entre Kirchner y Krueger. El primer concepto que dio el Presidente fue concreto: la Argentina no se comprometerá a nada que exceda el acuerdo de setiembre del año pasado ni mejorará la oferta de Dubai que incluye una quita de 75 por ciento.

Hubo desde el primer momento un tono cordial desde la representante del FMI, lo que fue reconocido por el propio Presidente en varios momentos retribuyendo el buen clima al no desplegar su visión sobre el Fondo y los planes económicos recomendados, temas que fueron objeto de las embestidas presidenciales públicas y privadas en los últimos días.

Sí hubo referencias, siempre sin subir tonos, a las molestias provocadas por los supuestos cambios de actitud del Fondo.
«Yo nunca dije que no iba a pagar; pero lo que molestan son los cambios en las condiciones ya acordadas y las extorsiones», fue el concepto puntual que Kirchner repitió permanentemente.

• Bancos

Aclarados los primeros puntos (no se sabe si avalados también desde Washington), prácticamente hubo un solo tema que ocupó la conversación: las cláusulas del decreto del sindicato de bancos. Sobre este punto giró prácticamente el 100% de la negociación de ayer.

Kirchner aclaró el capítulo sobre el poder que quiere mantener sobre los bancos que representarán al país ante los acreedores. Aparentemente, Krueger requería información sobre las circunstancias para las cuales el gobierno argentino se reserva el derecho de
«rescindirle» el contrato a Merrill Lynch, UBSWarburg o Barclays.

Kirchner giró permanentemente sobre la idea de «despedir» a las entidades si éstas «se exceden en el mandato simple de representar a la Argentina».
En otras palabras, y según el criterio sobre el que insistió el Presidente, si cualquiera de estos bancos durante las negociaciones ofrece algo distinto de la quita de 75% podrían dejar de intervenir en las negociaciones.

Sobre el porcentaje de bonistas que debería aceptar la oferta argentina, Kirchner y Krueger convinieron en «un umbral razonable, sin porcentajes». Nadie mencionó qué quiere decir «razonable», más allá de asegurar que será un porcentaje que even-tualmente se negociará con el FMI, según la marcha de las negociaciones.

El gobierno también logró mantener su postura de no privilegiar sobre el resto de los bonistas al Comité Global de Acreedores, encabezado por el ex banquero italiano Nicola Stock. En cuanto a la fecha para concluir la negociación con los acreedores, se mantuvo el límite de mediados de año, ya fijado en el acuerdo de setiembre con el FMI.

Para el final de la conversación, todo fue cordialidad. Kirchner y Krueger se comprometieron a mantener un encuentro personal, que quedó fijado para antes de junio
, mes en que teóricamente debería comenzar la próxima revisión del FMI y discutir la meta de superávit fiscal primario para 2005.

La directora del FMI le reconoció finalmente al argentino el crecimiento de la economía en 2003. Precisamente este último dato, con el que se cerró la conversación, fue el primero que Kirchner quiso dejar en claro a sus colaboradores directos una vez terminada la conversación. Para refirmar la idea de que el cronograma oficial del Presidente continuaba inalterado y que se trataba de un día normal, Kirchner dio por terminado el tema FMI y a las 14 recibió al
gobernador de Río Negro, Miguel Saiz, para hablar cuestiones de la Patagonia.

Hacia la tarde, Kirchner esperaba la carta personal que Krueger le prometió durante la conversación, y que para el Presidente significaba la prueba de que el FMI devolvería el 23 de marzo el dinero que giró ayer (3.150 millones menos los intereses).

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