Esta obra que lleva a la tercera dimensión una pintura de Alberto Delmonte se destaca por su especial emotividad entre las 18 que Julián Agosta expone en la Galería Palatina.
Julián Agosta es conocido como un artista cuya obra está enraizada en la estética constructivista y que por ende, adhiere entre otros postulados, al rigor formal, al equilibrio, a la armonía. Pero también es conocido como un artista que en cada presentación es capaz de sorprender y provocar admiración. «Agosta está instalado en el territorio del arte , donde sólo la verdad se mueve a sus anchas», escribe el escritor y poeta Horacio Salas.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En su actual muestra en Palatina (Arroyo 821), Agosta ha buscado conscientemente revalorizar el espacio que aparece, entonces, complejizado y enriquecido por rectas, curvas, líneas en diferentes direcciones. Por eso, en varias obras, no queda huérfano, está atrapado, como en el caso de «La Trampa», un título muy adecuado para una imagen muy compacta que apenas deja algunos intersticios. Otro elemento a destacar es la escalera, símbolo muy significativo en la teoría constructivista por sus connotaciones de ascenso a lo superior así como aristas y firuletes en «Tanguera», danza muy motivadora para demostrar un oficio que domina.
Entre las 18 obras presentadas hay una particularmente conmovedora. Agosta ha llevado a la tercera dimensión una pintura, más bien, el compendio del quehacer de Alberto Delmonte, artista de su generación con el que comparte una amistad entrañable y una posición estético-ética. El severo entrecruzamiento de planos, líneas, elementos sígnicos y simbólicos que engendran resonancias ancestrales están presentes en «El que enseña a sembrar», hierro batido, soldado y patinado.
En un principio de su quehacer como escultor, Agosta se sintió atraído por las sensuales formas circulares, embrionacontinúarias, el núcleo fundante. Ahora retorna a ellas pero con espíritu crítico, restándoles morbidez y sumándoles «una pasión que rebota enloquecida en las curvas del adentro» según el verso de Marcela Santantón que hace un paseo poético por las obras del escultor.
A diferencia de otras exposiciones de Julián Agosta cuyo denominador común eran totems, vigías, guerreros, en esta ocasión, cada una de las obras tiene una historia y una vida independientes, acentuadas por un monocromatismo marrón rojizo que remite al metal en su estado primitivo. Este conjunto de obras ejerce una extraña vivencia en el contemplador: olvidarse de sí mismo para penetrar en un mundo de hierros con sentimiento. Hasta el 14 de junio.
• Mario Grinbaum
En su actual exposición « Urbanocrisis», Mario Grinbaum con una temática iniciadapremonitoriamente en el año 2000 con «Mario Grinbaum vs. la alienación» y seguida en 2001 con «La Construcción de la destrucción». En esta descarnada radiografía de metrópolis colapsadas ya no queda vestigio de ningún ser humano. A través de una lente el artista capta el momento en que la verticalidad de la arquitectura majestuosa se desploma hasta convertirse en un paisaje desolado. Una red compacta, ondulante, en la que no hay escombros, sólo las entrañas de aquello que fue el sueño del poder. Imagen aterradora que remite a apocalípticas visiones cinematográficas del tipo catástrofe con la diferencia que al terminar la película respiramos aliviados, todo es pura ficción. El contundente testimonio pictórico de Grinbaum no lo permite. Galería Rubbers. Espacio Alvear (Av. Alvear 1595). Clausura el 15 de junio.
Dejá tu comentario