4 de septiembre 2007 - 00:00

Arte y arquitectura unidos en una muestra

Obra deClorindo Testa,quien compartecon MiguelBaudizzone,Jacques Bedel yJusto Solsonauna muestra queratifica laexcelencia delos cuatro tantoen laarquitecturacomo en el arte.
Obra de Clorindo Testa, quien comparte con Miguel Baudizzone, Jacques Bedel y Justo Solsona una muestra que ratifica la excelencia de los cuatro tanto en la arquitectura como en el arte.
Una muestra con obras de cuatro exponentes singulares del mundo de las artes visuales, los arquitectos Miguel Baudizzone, Jacques Bedel, Justo Solsona y Clorindo Testa se inaugura el 17 de septiembre en Agalma.arte ( Libertad 1389), con la colaboración de Adriana y Ricardo Pérez Taboada y el CAYC. Se quiere mostrar a más de un centenar de arquitectos de todo el mundo que visitan el país en ocasión de la XI Bienal de Arquitectura, la excelencia de sus profesionales en ambos campos: el arte y la arquitectura.

La luz y el concepto del espacio son fundamentales en las obras de Baudizzone. Las múltiples paradojas visuales de sus historias, aparentemente «absurdas», se desarrollan en escenas insólitas que evocan espacios alegóricos. Las obras de Baudizzone presentan la tensión del enigma en paisajes surreales donde asombra lo insondable de la subjetividad humana.

En estas obras, los lápices de colores reemplazan a los pinceles y utilizando al dibujo como soporte presenta fotos aéreas de Buenos Aires. En el fondo se reconocen las siluetas captadas de la Boca, Avellaneda y el Riachuelo. Logra un juego de transparencias que generan, con cierto humor, un singular neoexpresionismo surrealista. El obligado racionalista que hay en todo arquitecto, cede en Baudizzone al voluntario sensibilizador que hay en todo artista.

En las obras de Bedel, sólo cuando se iluminan se insinúa la ciudad con su sombra proyectada. La imagen surge a través de un soporte plástico como si se compusiera por la incidencia de la luz. Desde su primera exposición en 1967, Bedel comenzó generando proyecciones múltiples de sombras en color, pero su preocupación no consistía en crear cajas lumínicas con pantallas sino objetos que reflejaran sombras y que también valiesen por sí mismos cuando cesaran las proyecciones.

Colaborador del Groupe d'Art Constructif el Mouvement, utilizó en sus propuestas espejos parabólicos para lograr un mayor campo de reflexión. Se alejó de las obras planas y desarrolló esferas dentro de cuerpos geométricos. Luego se trasladó al terreno de la escultura, cuando, en sus investigaciones sobre la reflexión de imágenes, utilizó el acero inoxidable pulido.

Acaso pueda rastrearse la etapa de sus Libros no sólo en esta evolución hacia la escultura, sino también en los trabajos con estructuras inflables y «back projecting» de fotografías en color, destinadas a crear paisajes transportables (1968). Los Libros de Bedel están realizados de acuerdo a la clasificación bibliográfica tomada a partir de la hoja Raisin: el tamaño del pliego francés o sus derivados. Todos ellos, encuadernados con tapas similares de arpillera como denominador que los unifica. El libro abierto ya no es un libro: es un trozo icónico de una realidad ecológica, un símil de algo preexistente, las más de las veces ignorado para quien lo observa: uno de los más singulares es Ciudad del Plata. En esta muestra ilustra los dichos del escritor Italo Calvino.

Solsona presenta obras vinculadas con el expresionismo abstracto: pinta sobre el suelo y logra chorreados con cierta nostalgia de columnas de arquitectura. Ha expuesto telas de grandes dimensiones, que no son proyectos ni dibujos de arquitectura, y aunque las obras no surgen explícitamente de su profesión, las imágenes se vinculan con ella, como las columnas griegas que se derrumban. No pinta con pinceles sino que utiliza escobas y acumula gran cantidad de materia sobre las telas en las que insiste con el color negro. El clima que generan estas telas está relacionado con paisajes que materializan la crisis actual. Por ello, las pinturas de Solsona se conectan con el neoexpresionismo representado entre otras figuras por el artista alemán Hans Hartung. En este artista como en Solsona, que también escribe, surge muy marcada su sensibilidad por la poesía y la literatura.

En la posguerra, en Nueva York avanzó un movimiento pictórico nuevo, la post-abstracción expresionista cuyo puntal fue Jackson Pollock. También Robert Motherwell, Willem de Kooning y Barnett Newman, Rothko y Gottlieb. El crítico Clement Greenberg sentó las bases teóricas para toda esta propuesta que luego se transformó en una tendencia, y además, puntualizó las directrices comunes que formaron el marco de ese movimiento artístico norteamericano, que en su libro «Avant Garde Attitudes» lo llama actitud, no una mera retórica: fuerzas que colisionan entre sí generando hechos artísticos diferentes. Entre ellos, podríamos ubicar a Justo Solsona.

Clorindo Testa expone obras que presentan el cuadriculado de Buenos Aires. A partir de la ciudad y sus manzanas, los números y las letras de las cuadriculas se integran y forman palabras. En su conciencia imaginativa las representaciones arquitectónicas y las artísticas ocupan el mismo lugar, de manera sucesiva pero también simultánea. El «Autorretrato con la peste» es la presentación del artista-arquitecto, que elaboró una mímesis de su práctica real como arquitecto, exaltando los hechos estructurales en su relación con el entorno: el urbanista, dentro de su esfera de acción, debe considerar al azote de la contaminación en las grandes ciudades.

Testa reactualiza una larga tradición, literaria y real, acerca de las pestes. El cambio arbitrario del medio ambiente puede desatar catástrofes peores de las que narran los libros de historia, al describir las plagas que asolaban al mundo hace seis siglos. En «La fiebre amarilla» (1991) remitía a los estragos de la fiebre amarilla en Buenos Aires, en 1871, con rigurosa economía de medios, y señalaba la degradación urbana de nuestro tiempo. Las camas de esa instalación representan una sala de hospital desierta. Están hechas con estacas de madera, que tal vez sugieren otros tantos tableros de dibujo, porque las sábanas que las cubren son de papel y tienen cintas negras, que aluden a la muerte.

A veces su obra retoma episodios reales o míticos, que le son ajenos, pero él los hace propios, al transformarlos, por medio de su imaginación, en obras de arte o arquitectura. Sus creaciones son siempre autobiográficas porque él las incluye en el marco de su propia vida.

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