13 de septiembre 2006 - 00:00
El 11-S evocado también en teatro
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Barney Finn:
la autora de
esta obra es
periodista y
nunca antes
había escrito
teatro, pero
su encuentro
con el capitán
de bomberos
de Nueva
York la
impulsó a
hacerlo».
P.: ¿La obra funciona mejor como teatro leído?
O.B.F.: A mí me gusta mucho el teatro leído, no es un invento de ahora. Yo lo transité mucho con tanta Feria del Libro. Además, genera una comunicación más intensa entre el público y el texto, ya que no requiere de mucho dispositivo escénico. En obras como ésta, en donde importa más lo que se dice que la acción misma, resulta muy eficaz este formato. Lo pudimos comprobar por la reacción del público el lunes pasado, 11 de septiembre, cuando hicimos la primera lectura en el Ciclo Teatrísimo, destinado a recaudar fondos para la Casa del teatro.
P.: Cambiando de tema. Usted habrá observado que cada vez más cineastas se vuelcan a la ópera.
O.B.F.: Sí y creo que el crecimiento de la ópera no sólo depende de lo netamente musical, también la régie ha contribuido muchísimo a su desarrollo con el aporte de artistas que vienen de otras experiencias. Yo, por ejemplo, vengo del cine, el teatro y la televisión, y agradezco esta posibilidad de experimentación que me brinda Juventus Lyrica porque a mí la ópera me permite integrar todo. Mi primera régie fue en 2003 con «I pagliacci» donde trasladé la acción a un circo de pueblo, luego llevé «L'elisir d'amore» a 1880, en el campo argentino, y ahora ubiqué la acción de «La Bohème» en un set de filmación. No puedo quejarme porque en tan poco tiempo he tenido una devolución muy buena por parte de la crítica de ópera.
P.: ¿La calidad musical de estos emprendimientos está al mismo nivel que las producciones del Teatro Colón?
O.B.F.: Lo bueno de estos emprendimientos es haber sacado a la ópera de esa élite en la que ha vivido siempre. Tal vez no sean tan expertos en el tema ópera, pero tienen una apreciación y un disfrute mucho más libre, y eso hay que valorarlo y desde luego mejorarlo. Yo aquí me he encontrado con la libertad artística más absoluta y el público la ha sabido captar. Es importante no quedarse encerrado en ese círculo tan rígido que a veces tiene mucho de snobismo.
P.: En «Doña Rosita la Soltera» también se tomó algunas libertades, como la de introducir a Lorca dentro de la ficción y aludir a su homosexualidad.
O.B.F.: Para mí Rosita y Federico son uno solo. Ambos fueron prisioneros de Granaday de la sociedad española, y eso estaba graficado en escena. El entraba y salía de la acción para dialogar con la protagonista como un personaje pirandelliano. Me basé en el material que se fue conociendo después de la muerte de Franco y de la muerte de la hermana de Lorca con la edición de «El público», «Así que pasen cinco años» y los «Sonetos del amor oscuro». Mi temor era que no se entendiera la obra. Una ciudad de provincia puede ser todavía más compleja que la Capital. Pero tanto en Tucumán como en Buenos Aires la obra fue muy bien recibida. La entendieron los habitués del teatro y la entendieron las profesoras de literatura que luego la analizaron con sus alumnos.
Entrevista de Patricia Espinosa


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